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Exhibición de impunidad

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¿Qué pueden pensar y sentir las familias de las víctimas de la represión franquista acerca del medallón que en la Plaza Mayor de Salamanca representa al “Caudillo de España” desde 1937? Seguramente comparten la idea extendida de que (además de un acto de egolatría, todavía sin la coletilla blasfematoria “por la gracia de Dios”) es de por sí una injusticia evidente y una exhibición de impunidad que también los hieren a ellos mismos. En todo caso es lo que pensamos y sentimos mis hermanos y yo.

 

En la familia de nuestra madre, Mª Antonia Ovejero García (vecina de Robleda), victimarios conocidos, con la venia o delegación de responsables militares de la zona de Ciudad Rodrigo, por vía extrajudicial ejecutaron a su primer marido y a tres de sus hermanos. Estas ejecuciones fueron siempre oficialmente silenciadas, aunque en dos de ellas hubo testigos ajenos a los asesinatos y la misma estadística de guerra “nacional” de la 7ª Región Militar (Valladolid) les da esa calificación (“asesinato”), sin que hubiera diligencia alguna para esclarecer el hecho.

Las condiciones de vida que dimanaron de estos crímenes (“delitos cometidos en acto de servicio” en la misma terminología procesal militarista), el miedo permanente, los malos tratos, las injurias, el aislamiento, la enfermedad, la pobreza y el hambre se llevaron por delante a varios miembros de la familia de Mª Antonia: una hija nacida después del asesinato del padre (1937), una hermana y el marido de ésta a escaso días de intervalo (1938), un sobrino, hijo de la pareja (1939), y su propia madre, mayor (1941).

La solidaridad con la recuperación de la memoria histórica me ha llevado a buscar y encontrar otros casos de “exterminios parciales” entre las familias de la veintena de personas asesinadas en Robleda (sin contar forasteros), así como en Ciudad Rodrigo y su comarca, donde a consecuencia de la represión fallecieron 284 personas, entre las 971 que resultaron afectadas por 1.117 actuaciones represivas en 67 localidades (totales provisionales). De todo esto, como de todos los estragos de la guerra y la represión, es responsable en primer lugar el general Franco, que, desde que se autoproclamó Jefe del Estado en octubre de 1936 hasta que se murió en 1975 firmó numerosas condenas a muerte.

No conozco a ningún huérfano, nieto o sobrino de aquellas víctimas que no vea en este medallón una flagrante exaltación del principal responsable de los crímenes contra la humanidad (imprescriptibles) a los que sirve de referente epónimo (“crímenes franquistas”). Para cualquier demócrata es una injuria permanente, que en ningún caso dejaría de serlo, de seguir donde está, por un hipotético valor estético (muy difícil de establecer con criterios objetivos) y que, paradójicamente, le vendría del espacio que usurpa desde 1937. Más que un adorno es un borrón en el panorama artístico de Salamanca, adonde acuden numerosos turistas, científicos extranjeros de diversas disciplinas y jóvenes foráneos estudiosos de la lengua española y el arte salmantino.

Esta efigie resulta hiriente. La autoridad competente debe retirarla.

Ángel Iglesias Ovejero

Catedrático emérito de la universidad de Orleans (Francia), autor de La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1938).

 

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2 Comentarios

  1. Borrar el medallón es borrar la historia…esa que ustedes pueden contar…cuando visitan la Plaza Mayor…en la que además de Franco tenemos otros medallones…que puestos a quitar…los quitamos todos…y así unos cuantos “catedráticos profundos”…pueden verlo en archivos y museos…escribir libros…solamente para “letrados”.

    El medallón de Franco en la Plaza Mayor es historia…y más valdría que ustedes hicieran un gran congreso internacional sobre el franquismo…en Salamanca…y que hablen todos los que tengan que hablar…y digan todo lo que tengan que decir…ya que, de momento, la historia no se puede borrar …y las piedras hablan en Salamanca…casi tanto como los libros…

    Imagine que ahora unos descendientes de Viriato piden tirar el puente romano porque el Imperio lo asesinó con alevosía y premeditación…esto es duro decirlo y no es comparable…por la lejanía…pero si se quitan todos los “hitos”…Salamanca sería cualquier otra cosa…menos lo que es…una Ciudad Histórica…

    • Señor “Más de lo mismo” (¿o del mismo señor “José Luis de Salamanca”?), lo que se pide con la retirada de este medallón infame es que se cumpla una Ley que prohíbe las exaltaciones esperpénticas del terror de estado y sus figuras, cuando hacen daño a la vista públicamente, esculpidas en mármol, en piedra o en lo que sea.
      Este comentario, como otros análogos, provienen de gente “que no es franquista”, pero defiende a ultranza, como si fuera un dogma, la versión franquista de la historia, porque si fueran partidarios de contar los hechos verdaderos que sucedieron en esta Plaza, empezarían por defender la referencia en ella a las once personas que, al proclamarse allí la sublevación contra la República, fueron abatidas el 19 de julio de 1936 o murieron a consecuencia de los disparos efectuados por los compañeros de armas de Franco. O ¿le parece que las matanzas colectivas no merecen señalarse en público como hitos históricos?
      La historia de este anacrónico medallón no está escrita del todo, se está escribiendo todavía de una manera ilegal y tendenciosa. Consiste en injuriar impunemente la memoria de las víctimas franquistas y a sus familiares, que tienen derecho a que no las borren de la historia reciente de España y no tienen la obligación de soportar ese castigo añadido de ver ensalzado al principal causante. Gracias, en su nombre, por recordar que no vivieron en tiempos de Viriato, por cuya memoria y descendientes tanto se interesa.
      Es justa y necesaria la retirada de este medallón de la Plaza. Pero de no ser así, al menos, por respeto a la verdad histórica, debajo de la efigie, además de “Caudillo”, deberían figurar los títulos que jalonan su caudillaje: “Traidor, Dictador, Represor (1936-1975)”.
      Señor “Más de lo mismo” (por cierto, un sobrenombre o lema muy acertado, dada la reiteración de sus tópicos), su peregrina visión de la historia, queda perfectamente retratada con la argumentación acerca de Viriato, sus descendientes, el Puente Romano, el Imperio. Podría resultar entretenido sacarle punta o preguntarle si cuando afirma que Salamanca es “una Ciudad Histórica” quiere decir que todas las demás no lo son (sin pensar en las ciudades de ficción, claro)

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