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En Corrales (Zamora), 25 enero 1991. Francisco Javier Ortega, Luis Javier Balmori, Emiliano Jiménez, Pablo Criado, Luis Alonso y Juan José Aliste evaluando la participación militar en la excavación.

En Corrales (Zamora), 25 enero 1991. Francisco Javier Ortega, Luis Javier Balmori, Emiliano Jiménez, Pablo Criado, Luis Alonso y Juan José Aliste evaluando la participación militar en la excavación.

La excavación de 1990 en Corrales del Vino se cerró con la intención de continuarla en la primavera siguiente, con el beneplácito y ayuda de la Junta de Castilla y León y del propietario de la cantera de Cerámicas SAZA, Pablo Criado, donde se ubicaba la riquísima capa con Allaeochelys.
Esta capa, que habíamos limpiado en una superficie horizontal, continuaba debajo de una colina, y se suponía seguiría siendo tan espectacular como en noviembre.

Estábamos tan tranquilos, con nuestra vida “normal”, restaurando el inmenso tesoro paleontológico, cuando a mediados de enero recibí una llamada de Pablo Criado diciendo que tenía necesidad de reiniciar la extracción de arcilla en la zona de la colina con la capa “rica”.

Dada la premura solicité de la Junta de Castilla y León una excavación de urgencia, que fue concedida sin problemas.

Pero era invierno en Zamora y ya se sabe lo inclemente que es. No era el tiempo adecuado para excavar a la intemperie.

Corrales, 1 febrero 1991. Soldados de la Brigada de Caballería "Jarama", montando la tienda de campaña para la excavación "Corrales 91".

Corrales, 1 febrero 1991. Soldados de la Brigada de Caballería “Jarama”, montando la tienda de campaña para la excavación “Corrales 91”.

No recuerdo cómo ni a quien se le ocurrió la idea de pedir ayuda al Ejército. Puesto en contacto con Isidro Labrador, Coronel Gobernador Militar de Zamora, me aconsejó solicitarla a la Capitanía General de la Región Militar Noroeste, en La Coruña. La respuesta fue inmediata por medio del entonces Teniente Coronel de la Brigada de Caballería “Jarama”, destinada en Salamanca, Luis Javier Balmori: concedían todo lo que hiciese falta.

Para evaluarlo hicimos una visita previa Francisco Javier Ortega, Luis Alonso y el que esto escribe, acompañados por el Teniente Coronel Balmori y por el entonces teniente Juan José Aliste, siendo atendidos en la cantera por Pablo Criado.

Pero antes de seguir quiero recordar a todos quien es este oficial de nuestro Ejército, Juan José Aliste Fernández. Cumplidor fiel de su deber, modélico padre de familia, para quien sus hijos son lo primero, acababa de dejar a su hija Leticia en la puerta de su colegio, con dos amiguitas, cuando sufrió un cobarde y vil atentado perpetrado por la banda terrorista eta (con minúsculas, que no merecen otra cosa), sufriendo la amputación de las dos piernas.

Corrales, 6 febrero 1991. Santiago Gil y Francisco Javier Ortega limpiando un bloque antes de su extracción.

Corrales, 6 febrero 1991. Santiago Gil y Francisco Javier Ortega limpiando un bloque antes de su extracción.

¡Quebrantaron su cuerpo, pero no su alma, y con heroico coraje, demostró lo que es ser un soldado del EJÉRCITO ESPAÑOL, orgullo de todos los que le conocemos! ¡Sigue dando a todos, a los que le admiramos y a aquellos que le mutilaron escondidos, ejemplo de tesón y entereza que nunca se rendirá!

Pues este oficial, Juan José Aliste, fue el encargado de dirigir la tropa que nos montó una tienda de campaña de 6×6 m y un equipo electrógeno que nos dio luz y calor en su interior durante los días que duró la excavación. En ese tiempo tuvimos de todo, sol, lluvia, nieve, tormentas… ¡Solo nos faltó sufrir un tornado o un terremoto!

Comenzada la excavación dentro de la tienda de campaña, los que allí estábamos, Santi Gil, Elisa Pérez Ramos, Francisco Javier Ortega y los dos Luis Alonso, teníamos un gran ambiente, con Santiago Ledesma y los alumnos de Geología que nos ayudaban y con visitas frecuentes de gente con ánimo de ver que se hacía y que, en algunos casos, trajeron pastas y café para disfrutarlo con nosotros. Creo que fue la excavación más agradable que hemos vivido. Además, la comodidad y el aprovechamiento de corriente eléctrica nos permitió ensayar por primera vez técnicas nuevas de extracción.

Pero los resultados no fueron tan espectaculares como cuatro meses antes. La capa o canal se agotó enseguida y sólo pudimos extraer dos bloques –eso sí, espectaculares–, uno de ellos con dos Allaeochelys y un Neochelys, y otro con un Neochelys que se dejó como ejemplo de lo que había que hacer para no perder nada durante la extracción. Todo ello aderezado, por supuesto, con docenas de placas sueltas.

Placa conmemorativa de la excavación "Corrales 91"

Placa conmemorativa de la excavación “Corrales 91”

Dado que teníamos tiempo, dedicamos alguno para explorar los alrededores. Como consecuencia se descubrieron más indicios, que dieron lugar a una nueva excavación –esta vez sin la colaboración del Ejército, innecesaria por ser en verano–en la que se obtuvieron seis Neochelys, y el hallazgo, por Luis Alonso, de una maravillosa mandíbula de lofiodóntido que en el laboratorio nos sorprendió por ser un caso único en el mundo: tenía anodoncia.

¿Que qué es eso? No seáis impacientes… ¡Ya os lo contaré!

El caso es que terminada la excavación había que trasladar los pasados bloques desde la tienda de campaña hasta Salamanca. De ello se ocupó, altruistamente, Pablo Criado. El teniente Aliste, mi heroico amigo, se encargó, con su tropa, de recoger el material militar: hasta la próxima, que fue al año siguiente en el Cerro del Viso. Ahora estoy pensando que debimos poner un mástil para izar y arriar la Bandera, mi querida BANDERA.

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