Jesús Málaga

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Los príncipes de Gales, Carlos y Diana, realizaron una visita oficial a España en la que pidieron incluir Salamanca. En estos viajes de Estado es costumbre programar dos etapas en su paso por el país que los recibe, una primera oficial y protocolaria en Madrid, y otra, más discreta, privada, en alguna ciudad monumental en las cercanías de la capital de España.

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La Salamanca moderna quiso recordar aún más a don Miguel, para que se cumpliera el “di tú que he sido”. En 1992, el entonces rector de la Universidad de Salamanca, Julio Fermoso, anunció públicamente que el nuevo campus universitario al oeste del hospital clínico recibiría el nombre de Miguel de Unamuno.

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En el teso de la Chinchibarra, junto al centro de salud Sisinio de Castro, Garrido Norte, se encuentra una residencia regentada por la Iglesia Anglicana Española. Si nos fijamos en la entrada a la misma, nos recibe una cartela con el nombre de Atilano Coco. En el edificio se encuentra la capilla donde se da el culto protestante para los fieles de esas Iglesia en Salamanca.

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Al lado de la Plaza Mayor, con su entrada principal por la calle Zamora, se encuentra el palacio de Figueroa, sede del Casino de Salamanca. En los salones de abajo y en los de los aledaños de arriba se producían las famosas tertulias a las que no faltaban las fuerzas vivas de la ciudad, y Unamuno era uno de sus puntuales asistentes. Asiduo al café después de comer, los tertulianos y no pocos curiosos se arremolinaban para oír su opinión sobre política, asuntos ciudadanos, municipales, universitarios, filosóficos, culturales o científicos.

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Seguimos nuestro recorrido salmantino que nos lleva tras las huellas de Unamuno y llegamos a la Plaza Mayor. Cuantas veces pasó y paseó por ella nuestro rector. Cuantas veces daría vueltas acompañando a los hombres de la ciudad en sentido contrario al de las mujeres, argucia que hacía que los chicos y chicas enamoriscados pudieran verse dos veces cada una de las vueltas por los soportales.

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Antes de terminar con la referencia a Pedro Dorado Montero en su relación amistosa con don Miguel de Unamuno permítaseme hablar de algunas de las obras del famoso profesor de derecho: “Problemas jurídicos contemporáneos”, El Derecho y sus Sacerdotes”, “Del problema obrero de Salamanca” y “Problemas de Derecho Penal”.