Jesús Málaga

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Las efigies de Juan Carlos y Sofía ocuparon un medallón en el Pabellón Consistorial. No quedaba ninguno vacante en el Pabellón Real. Hasta entonces había una regla no escrita: los medallones del Consistorio debían guardarse para posibles alcaldes que tuvieran méritos suficientes para ocupar un lugar en la Plaza Mayor. Para salvar dicho escollo nombramos al rey Juan Carlos alcalde perpetuo de la ciudad.

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Pascal Couchepin fue presidente de Suiza en dos ocasiones. Cuando vino a Salamanca era ministro del Interior con competencias en Sanidad y Servicios Sociales.

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Con ocasión de la xv Cumbre Iberoamericana celebrada en Salamanca me correspondió recibir y despedir en Matacán, en mi condición de subdelegado de gobierno, a los jefes de Estado y de Gobierno.

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El Palacio de Monterrey se encontraba en muy malas condiciones de conservación, necesitaba una profunda remodelación y restauración.

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La amistad iba creciendo y los duques nos invitaron a Sevilla, a la entrada de Jesús en la Academia de San Fernando de la capital hispalense. Comimos en el Palacio de las Dueñas con sus hijos y el entonces presidente de la Junta de Andalucía, Pepe Rodríguez de la Borbolla.

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El duque de Alba frecuentaba la casa de José María Vargas- Zúñiga, al que le unía una gran amistad. José María me invitaba para dar paseos y conversar con ellos. Un domingo, Vargas no pudo venir con nosotros y el duque y yo nos fuimos a dar una vuelta por la Plaza Mayor.

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En otra comida pasó algo parecido. Diríase que no escarmentaba. Era también invierno y nos ofrecieron una ensalada de pamplina traída del afamado restaurante salmantino Río de la Plata, en el que solían comer con frecuencia los duques.

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palacio de monterrey

Entre las muchas cosas curiosas que puedo contar de mis estancias en Monterrey, una de ellas me ocurrió a la hora del café. Nos ofrecieron una copa de licor para después de las infusiones.

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