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21 días en el Circo

Como no es lo mismo contarlo que vivirlo

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José Ángel García Gallego, columnista de La Crónica de Salamanca, ha estado 21 días en el circo Holiday. Nos cuenta su experiencia entre acróbatas, payasos y domadores.

Así empezaría un programa de investigación sobre algún tipo de práctica irregular. En este caso no vengo a intentar sacar los trapos sucios de nada, sino todo lo contrario, vengo a contar mi experiencia trabajando con el Gran Circo Holiday durante las Ferias y Fiestas de Salamanca.

Se acercan las fiestas de nuestra ciudad y un símbolo de ello es que las calles se empiezan a llenar con carteleras que anuncian la llegada del circo. Gran expectación por saber qué números conforman la compañía. Este año destacan las actuaciones de tigres siberianos y de bengala, además de leones marinos y pingüinos tropicales.

El día a día ha sido duro, ya que hay que tenerlo todo preparado para que las dos actuaciones diarias salgan perfectas. Los artistas ensayan por la mañana y descansan después de comer para concentrarse en su actuación.
Durante la función se dejan los nervios atrás y se intenta hacer lo mejor posible, poniendo siempre una sonrisa aunque no todo salga a pedir de boca, el público no se merece menos. Cuando acaba la última función, el puñado de artistas se convierte en una gran familia.

He podido comprobar cómo, siendo cada uno de su padre y de su madre, se puede conocer a alguien en poco tiempo. Ya sea dando una vuelta por las ferias, cenando juntos o simplemente jugando al escondite en el recinto del circo junto a los más pequeños se puede ver como la piña está cada vez más unida según pasan los días.

Me siento orgulloso y agradecido por haber podido formar parte de esta gran familia. Era imposible que durante una comida o una cena hubiese esos silencios incómodos que tan poco gustan, ya que la mayoría de los artistas, a pesar de sus cortas edades, han vivido mucho y han estado en muchos sitios, teniendo muchas vivencias que contar. Que la mayoría de los momentos hayan sido felices no quita que haya podido haber manchas que intenten borrar todas experiencias.

Durante estos días, nos hemos tenido que enfrentar a insultos y protestas de un grupo animalista en un par de ocasiones. Debido a las informaciones que este grupo han dado a los medios, me veo obligado a contar la versión que no han querido dar.

Estos “inocentes” han iniciado la protesta en un recinto privado, sin ningún tipo de permiso y han comenzado a increpar e insultar a las personas que se disponían a comprar su entrada. Con gritos de ¡Maltratadores! y ¡Asesinos! han tenido que entrar la mayoría de familias que allí se encontraban. Escenas las cuáles los niños han tenido que presenciar y que miraban atónitos sin saber qué pasaba.

El personal del circo, en cuanto se percató de la presencia de los “pacíficos” manifestantes lo primero que hizo fue avisar a las autoridades. No hay que mezclar para el beneficio de nadie otras intervenciones en el recinto ferial que sucedieron posteriormente por causas totalmente diferentes.

De todo esto yo saco la siguiente reflexión: Si el Circo con animales está permitido en nuestra ciudad y en otras muchas de España, la gente tiene derecho a manifestarse en contra de ello, pero no en la puerta de casa del “enemigo”, sino en las organizaciones gubernamentales pertinentes.

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