Tratar de imponer la religión o las ideas religiosas propias a otros y utilizar espacios y recursos colectivos para conseguirlo, conduce, inevitablemente a la confrontaciónPor eso, resulta difícilmente comprensible la “tolerancia” que la izquierda ha desarrollado respecto de otras religiones que no son la Católica. En nombre del pluralismo y la multiculturalidad se ha permitido, e incluso defendido, el derecho de fieles de otras religiones a lucir en espacios públicos, incluidas las escuelas, signos externos de la religión que profesan, sea esta la que sea. En las escuelas, en vez de suprimir todas las clases de religión, se propone incorporar profesores y contenidos de otras religiones.La religión forma parte de la vida personal. Ser religioso, o no serlo, seguidor de una u otra religión, o de ninguna, es una opción personal e íntima que todos debemos respetar. Tratar de imponer la religión o las ideas religiosas propias a otros y utilizar espacios y recursos colectivos para conseguirlo, conduce, inevitablemente a la confrontación, y los enfrentamientos basados en principios religiosos son irracionales: se sabe como comienzan, pero nunca como terminan. La historia ha demostrado en el pasado y en la actualidad que terminan en forma de guerra. Incluso la religión es utilizada para justificar guerras y encubrir otros intereses ocultos y mucho más prosaicos.La sociedad civil debe regirse por normas compartidas e iguales para todos, y la religión no iguala sino que diferencia. Hacerlo en nombre de la multiculturalidad y desde la izquierda, es un abandono (uno más) de los principios que le son consustanciales. Justificarlo además, en nombre de la multiculturalidad, es una estupidez. La multiculturalidad es otra cosa.
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