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Cine de terror

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– ¿Sabe qué película pusieron anoche en la “caja tonta”? ¡”La momia“!

– ¡Hombre! ¿La de Boris Karloff?

– No. La de Peter Cushing y Christopher Lee

– Para mi gusto, la mejor. Y no es que sea buena ninguna. Hace no mucho vi otra versión más moderna, que no aguanté entera. ¡Qué mareo de imágenes, de efectos especiales, de ruido a todo tren…! Yo comprendo que a los jóvenes de hoy les atraiga este tipo de películas, pero a mí me resultan insoportables… ¡Y ahora nos acaba de llegar una nueva, que promete batir todos los récords de espectacularidad digital!

– ¡Pero tiene uno que vivir conforme a los tiempos!

– ¡Pues si puedo evitarlo, lo haré! Prefiero vivir con mis recuerdos mientras los tenga.

– ¡Es usted un nostálgico!

– Bueno. ¡Si así lo quiere llamar…! Mire, esto de estas películas tan truculentas me hace pensar en que he vivido con al menos cuatro generaciones de cineastas…

2– ¿Cuatroo?

– Por lo menos. La primera sería la de los años 30 y 40, en blanco y negro, sin efectos especiales y con poco presupuesto… Los decorados, eso sí, aprovechándose una y otra vez… ¡Pero, sin embargo, muy efectista! La de Boris Karloff la vi hace poco. ¡Qué impresión más terrorífica en aquella escena en que sólo se ven las vendas sueltas de los pies, arrastrándose al andar…! ¡Cine puro, sin artilugios innecesarios!

– Pues eso hoy no lo comprende el público. ¡Arrancaría carcajadas…!

– ¡Naturalmente! ¡Los tiempos, y los gustos, han cambiado! ¡Y mucho! Pero mire, nuestra generación, la de la posguerra, puede que esté más preparada para analizar las cosas tal y como son. ¡Somos los lectores de “La Codorniz“! Para ver el cine de otra época hay que meterse en ella. ¡Saber leer entre líneas, vaya! Sólo así llegas a comprender por qué se hizo de esa forma y no de otra, que quizás hubiese sido más artística, pero no del gusto de entonces… Tenga siempre en cuenta que lo que se busca siempre en la industria cinematográfica es entretener…

– Tiene razón. ¿Y qué me dice de la versión de Peter Cushing?

– Corresponde a otra generación. La segunda. Aún se hacían grandes películas en blanco y negro, pero ya dominaba el color y otras técnicas nuevas… Se gastaba más dinero en decorados, más cuidados, más naturales… De esta película recuerdo que se describían minuciosamente ceremonias funerarias egipcias. No llegaba a la pulcritud de “Tierra de faraones” o de “Faraón“, pero no estaba mal… El terror se basaba en la gran fuerza de la momia, acompañada de música electrizante, “de nervios”.

Peter Cushing y Christopher Lee hicieron más películas. ¿Recuerda?

– ¡Claro! Parece como si siguiesen los pasos de Karloff, Lon Chaney y de Bela Lugosi, del que se dice que, de tanto interpretar su papel, terminó creyéndose un vampiro. “Drácula” –¿de 1957?– alcanzó un gran éxito que motivó las nuevas versiones –“remakes” creo que las llaman ahora– de “Frankenstein” y “La momia“.

– ¡Y muchas más! ¡Menudo filón descubrieron! Había una empresa que se especializó en el cine terrorífico, la Hammer…También tocaron el tema de Fu Manchú y el terror chino…

– Lo que no sé es como acabó aquella empresa, o si continúa… Vino luego otra etapa de cine de terror, más sofisticada, con grandes actores interpretando vampiros o monstruos. Yo llamaría “neogótica” a esta tercera generación.

– Y a continuación la que no le gustó…

– ¡Efectivamente! Es que me pareció como que estaba viendo uno de esos videojuegos que hoy manejan los niños casi con los ojos cerrados. Las imágenes, espectaculares -eso sí-, se suceden a un ritmo trepidante para que no se perciban los defectos. No es una mente quien lo hace. Es todo un equipo, con poderosos ordenadores. El resultado es totalmente irreal.

Christopher Lee caracterizado como sacerdote egipcio en "La Momia".

Christopher Lee caracterizado como sacerdote egipcio en “La Momia”.

– Bueno, pero los guiones de las películas anteriores tampoco son muy reales. ¿Noo?

– ¡Por supuesto! Cualquiera que haya leído algo de Arqueología se da cuenta de que, por ejemplo, la entrada de los investigadores en la tumba la hacen estando totalmente iluminada, con todo ordenadito, listo para ser sacado inmediatamente y sin precauciones. ¡Poco científico, la verdad! Pero, en fin, recordemos que el cine es un entretenimiento… Guionistas, productores y directores lo saben, como saben que si lo hiciesen tal y como es en realidad, resultaría muy lento y aburrido para el público…

– Pero no me negará que estas películas pueden haber producido en alguien una inquietud, un deseo de saber más…

¡Qué duda cabe! Sin ir más lejos, a mí me ocurrió eso con “Sinuhé el egipcio“. Me entró hambre de leer la novela de Mika Waltari. En una biblioteca saqué “Dioses, Tumbas y Sabios” de Ceram, que entonces me resultó fascinante. ¡Un auténtico descubrimiento! Después me recreé con la meticulosidad de Howard Carter en la tumba de Tutankamon, tal y como se relata en el libro de Desroches Noblecourt. Desde entonces admiro a los arqueólogos. ¿Y ellos, me admirarán a mí?

Peter Cushing.

Peter Cushing.

– Espero que sí. Y de la nueva versión de “La momia” ¿qué opina?

– Aún no la he visto. ¡Y, si le tengo que decir la verdad, no tengo ninguna gana de verla! Me la imagino abrumadora de efectos especiales, ruidos que no te dejan pensar y un guión espeluznante, muy propio de estos tiempos en los que se ven y leen cosas de lo más extravagante. ¡Ahí parece que está el ingenio hoy en día! Pero el ingenio verdadero debería estar siempre en el guión, dirección e interpretación y no en el dominio de máquinas pensantes.

– ¿Qué piensa usted que recordarán los niños de hoy de estos tiempos que estamos viviendo?

– ¡Ay! ¡Cómo me gustaría saberlo! Pero no puedo imaginármelo. ¿Tenemos nosotros los gustos de nuestros padres? ¿Pensarán nuestros hijos, de mayores, como nosotros? Esa es una pregunta eterna, que se ha repetido una y otra vez a lo largo de la Historia… ¡Sólo Dios lo sabe!

2 Comentarios

  1. Querido Emiliano,

    Tengo que decirte dos cosas hoy:
    1 Que eres un antiguo. Igual que yo. Y
    2 Que uno de tus personajes: El maestro, cada vez se parece más a tí. Tienes que ponerles nombre para que no te confundamos.

    Un fuerte abrazo y, como siempre, esperando la siguiente entrega…

    • Querido Emilio: En realidad, los dos contertulios son uno sólo. Uno como creo que soy (es un espejismo), y el otro como sería, también yo, si pudiese (lo cual nunca es posible). A éste le llamaremos Onailime.A veces se me hace difícil no mezclarlos, pero lo intento. En fin, no dejan de ser “ocurrencias” mías
      Un abrazo muy fuerte.

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