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Las luces de la Plaza

Monet pintó en 50 ocasiones la Catadral de Rouen bajo distintas condiciones de luz, salvando las distancias, hemos fotografiado la fachada del Ayuntamiento en cuatro momentos de luz diferentes

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Monet y las luces de la Catedral de Rouen.

Monet y las luces de la Catedral de Rouen.

Fiat lux. Y se hizo la luz. Hermosa, inalterable y esquiva: en determinados instantes, cuando cree que está sola, cubre todo con una delicada capa de belleza que hipnotiza al más indolente…Pero se da cuenta de que la observas y cuando parpadeas ya no está.

 

Los pintores entregan su corazón a la luz y dedican sus pinceladas a intentar encerrarla en sus obras como un genio en su lámpara. Pero ella, altiva, no se deja. Cada día la buscan cautelosos y la pierden atormentados…

Desayuno en la Plaza, en la terraza del Berysa.

Desayuno en la Plaza, en la terraza del Berysa.

Claude Monet, el gran impresionista, llegó a pintar la fachada de la Catedral de Rouen en 50 ocasiones, obsesionado con su luz. Él mismo escribió a su segunda esposa “Solo pienso en mis catedrales. Empiezo a trabajar a las siete de la mañana y no me siento hasta las seis de la tarde. Lo he dejado todo, a ti, a mi jardín…”

Esa luz que perseguía Monet ilumina ahora nuestra Plaza. Son las ocho; desayuno tranquila en el Berysa, mientras contemplo cómo esa musa se despierta, perezosa. Al principio se esconde entre almohadones de sombras, pero poco a poco se despereza y comienza a brillar. En poco tiempo la Plaza es otra; la luz es otra.

El aperitivo, con estas 'postal' desde el Berysa.

El aperitivo, con estas ‘postal’ desde el Berysa.

Después de un paseo por el centro, a eso del medio día, me siento de nuevo en la terraza del Berysa y pido un pequeño aperitivo. Contemplo la Plaza desde el mismo lugar que un rato antes, como Monet sus catedrales. Ahora la luz presume de fuerza: ilumina poderosa la fachada del Ayuntamiento, velándola desde arriba.

Enamorada de la Plaza, decido no moverme: poco a poco, la luz abandona su álgido trono para ir a prepararse: al atardecer lucirá, coqueta,  tonos anaranjados. Pero todavía es pronto, aunque ya ilumina el Ayuntamiento desde una perspectiva más angulosa.Cuando me quiero dar cuenta, es la hora de comer y un camarero me ofrece la carta. Disfruto de una comida deliciosa y unas vistas impagables.

La media tarde, con una caña fresquita.

La media tarde, con una caña fresquita.

Durante la tarde visito el resto de Salamanca. Mires donde mires, la luz nos deleita con sus juegos. Pero a medida que pasa la tarde, se va  fatigando. Cuando vuelvo a la Plaza, ya para cenar en el Berysa, no la encuentro. Se ha ido.

Las luces de la Plaza son todas especiales. Quizá Monet habría podido convertirlas en una serie de cuadros impresionistas de un valor incalculable, pero, ellas solas, son estampas impresionantes.

 

Exquisita cena y preciosa vista.

Exquisita cena y preciosa vista.

Tomemos prestadas unas palabras que el pintor francés le envió a su amigo Clemenceau: “Yo siempre he observado únicamente lo que el mundo me mostraba, para dar testimonio de ello en mi pintura”.

Las propuestas gastronómicas del Berysa para desayunar, tomar el aperitivo de media mañana y de media tarde, así como cenar, están elaboradas con productos de primera categoría, en consonancia con las luces que ofrece la Plaza Mayor en los distintos momentos del día.

Media tarde. Aperitivo. 05 9 1 (3) 1 1 (2) 1

Caña de media tarde.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por: Elena Vecillas Valdueza

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