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La banda sonora irreverente de las fiestas

Las charangas inundan las celebraciones patronales de los pueblos salmantinos con canciones de choteo, muchas veces tachadas de sexistas

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Una charanga es un grupo reducido de músicos que se unen para tocar varios instrumentos mientras cantan para animar la fiesta. Hoy en día, las charangas es una parte esencial para disfrutar de las canciones más tradicionales pero también de los nuevos éxitos, a veces puestos en entredicho por el sexismo de sus letras.

 

Según cuenta Rubén Sánchez, que pertenece a la charanga La Escala 2.0, las charangas en la zona de Castilla y León suelen ser más o menos igual; algunas prefieren quedarse con los clásicos pero lo normal es tener un repertorio básico y a este añadirle temas actuales.

Este repertorio básico se trata de entre 80 y 90 canciones a las que se añaden canciones de éxito como por ejemplo, este año,  el conocidísimo Despacito o el Como te atreves de Morat.

Las canciones clásicas como La Amapola, Paquito el Chocolatero o Alcohol, Alcohol no pasan de moda y es que en las fiestas y pueblos las piden constantemente. Además, estos clásicos son los que realmente animan las sesiones e invitan a la gente a cantar y bailar. Pero sin ninguna duda, es el Despacito el que “no deja de sonar todo el rato”, comenta Rubén Sánchez.

Sánchez explica que La Escala 2.0 cambian las letras un poco de las canciones más clásicas “para ser un poco diferentes”. Las sesiones que hacen suelen durar todas dos horas en las que tocan entre 30 y 40 canciones aunque también han hecho sesiones de 3 y 4 horas.

Unas canciones cuyas letras son tachadas en ocasiones de sexistas, como el reggaeton elevado a la enésima potencia, pero que en el fragor de la batalla hacer valer más su pretendido contenido humorístico e irreverente.

Además, explica que lo normal en las charangas es que los que la integran tengan algo de conocimiento sobre música y tengan tiempo para poder preparar las sesiones, además de tener una relación buena o amistad entre todos los que la forman.

Pero, como en todo, siempre hay excepciones: “aquí en Salamanca por desgracia hay gente que musicalmente no aporta nada y va por los pueblos bebiendo y comiendo”, afirmaba Sánchez.

Texto: María López San Juan

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