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Nuestras inseparables compañeras

 

Están con nosotros desde siempre, forman parte de nuestras vivencias, intervienen en nuestras decisiones, regulan nuestras relaciones, ayudan a mantenernos firmes tras la consecución de un objetivo… y tal vez nunca se haya hablado de ellas tanto como últimamente, ¿habéis adivinado de qué estamos hablando?
Probablemente sí, hablamos de las emociones.

Las emociones son respuestas adaptativas de nuestro cuerpo frente a ciertos estímulos (alegría, sorpresa, asco, tristeza…), son reacciones tanto psicológicas como fisiológicas. Y no cabe duda de que son útiles y funcionales, porque activan nuestro organismo cuando es necesario, ayudan a dirigir la atención hacia lo que consideramos prioritario, nos ayudan a mantener unidas a las personas, a planificar el futuro…

Pero ¿son positivas todas las emociones en todas las circunstancias?
Esta respuesta también la conocemos, y sabemos que no. Por ejemplo, sentir miedo puede ser funcional, adaptativo y protegernos de peligros si nos evita entrar en una calle poco iluminada, en un barrio desconocido, a altas horas de la madrugada, pero si es una emoción que sentimos con una intensidad excesiva ante estímulos que no suponen gran peligro puede llegar a bloquear, paralizar, inhibir…, en definitiva, influirnos negativamente en nuestro día a día.

Es en ese momento, en el que percibimos que tal vez nuestras emociones son excesivas, y éstas nos están perjudicando en nuestro trabajo, en el colegio, en nuestras relaciones familiares o amistosas, en el que podemos pedir ayuda profesional para aprender a conocerlas mejor y a regularlas.

Este aprendizaje (conocer las emociones y regularlas) puede requerir, como hemos comentado, ayuda profesional en situaciones concretas, pero en el resto de las situaciones se puede facilitar desde la escuela y desde la familia.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?
Hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a identificar y reconocer las emociones, y a ir poco a poco regulándolas. Por ejemplo, es importante que aprendan a reconocer lo que están sintiendo en un momento determinado, ayudaremos a este reconocimiento poniendo nombre a aquello que los niños sienten, cuando tengamos claro lo que está ocurriendo. Sería el caso en el que nuestro hijo se enfada mucho cuando está en el parque jugando y le decimos que es hora de ir a casa. Comenzar nuestros argumentos con una frase del tipo: “Veo que estás muy enfadado por…” pondrá nombre a esa emoción que él está sintiendo en ese momento concreto.

Para ayudar a padres y profesores en esta tarea entran en juego numerosos recursos que existen hoy en el mercado, libros, dibujos animados, muñecos que representan distintos estados emocionales…

En Centro Esnia ofrecemos formación sobre emociones y valoramos e intervenimos en casos en los que éstas interfieran de forma perjudicial en el día a día.

Esther Serrano
Psicóloga y psicopedagoga

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