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Paz de papel

Rosa Domínguez vive en Salamanca desde hace cuatro años y participa en las actividades de la asociación vecinal ZOES

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Si construyes mil grullas de papel, cualquier deseo que pidas se cumplirá; eso dice la leyenda japonesa.  Mil grullas de papel penden de un alambre entre dos árboles en la Plaza del Oeste, parece que flotan en el aire. Aquí nos encontramos con Rosa Domínguez, autora de las mil aves. “Las grullas no son mías. Lo fueron cuando las estaba construyendo, pero ahora son de todos, de cada persona que pasa por la plaza y se detiene a mirarlas”.

 

Rosa Domínguez, grullas.Rosa Domínguez vive en Salamanca desde hace 4 años y participa en las actividades de ZOES. “Todo empezó en un club de running, pero ahora participo en baile, teatro… siempre que puedo colaborar en algo me gusta hacerlo”. A raíz del club de running, Rosa descubre un barrio en movimiento, que otorga oportunidades y permite a todos expresarse. “Esto hizo que me sintiera cómoda y con ganas de ayudar”.

¿Cómo aprendió a hacer grullas?
De casualidad. Para empezar, no soy una artista. Mi única obra de arte son mis hijos.

Rosa hizo un curso de origami en el Centro de Cultura Japonesa.  “Me encantaron las grullas por su sencillez. Una grulla puede construirse en cualquier momento y lugar, es sencillo y bello a la vez”.

La idea de crear mil figuras surgió más tarde, con el descubrimiento de la historia de Sadako Sasaki. “Al principio, las grullas eran un hobby, un detalle que regalaba a mis amigos. Entre mis conocidos he dejado una estela de grullas”.

IMG-20170714-WA0012La leyenda

El 6 de agosto de 1945, una niña de 2 años recibió altas dosis de radiación durante los ataques nucleares a Hiroshima. Sadako Sasaki sufrió los efectos tardíos de esa radiación y murió de leucemia a los 12 años. Cuando estaba en el hospital, empezó a construir  mil grullas de papel pidiendo su curación. Tristemente, murió sin terminarlas, pero sus amigos y familiares culminaron su obra tras el fallecimiento. En el Parque de la Paz de Hiroshima hay una estatua de Sadoko con una grulla en sus manos, emblema de las víctimas inocentes de las guerras.

“Una de mis hijas fue de vacaciones a Japón y me enseñó las grullas que los japoneses depositan en el Parque de la Paz de Hirosima. Poco después cayó este libro en mis manos el libro de Sadoko Sasaki. Encontré el libro en una feria, ya que está descatalogado. Cuando leí su historia me dije: ¿por qué no hacer mil grullas? Para mí era un esfuerzo muy pequeño, solo tenía que reunirlas en lugar de hacerlas de una en una.”

Las grullas.Rosa afirma que reunió las grullas para su propia satisfacción, no para exhibirlas. “Primero hice un mural para mi piso. Cuando terminé, quise que más gente la disfrutara. Tenía que compartirlas con Barrio del Oeste. Todo fue improvisado.Verlas expuestas me ha encantado, es cierto, pero lo más satisfactorio ha sido hacerlas. Mientras las construía me he sentido bien. Ha sido un placer para mí; no un sacrificio”.

¿Cuánto tardó en construir las mil grullas?
Después de encontrar el libro de Sadako y decidir reunir mil grullas pasaron un par de meses, no más. Le dedicaba el tiempo de los viajes, ya que viajo mucho.

¿Las construyó sin ayuda?
Sí, todas. No es ninguna proeza- añade humildemente- cualquiera que se lo proponga puede lograrlo. Yo misma me sorprendí de mi trabajo y lo poco que me costó. Realmente he disfrutado haciéndolo.

¿Ha pedido un deseo a sus grullas?
No soy supersticiosa. Sin embargo, cuando las construía sí que pensaba en mis deseos. Mientras doblas todo ese papel reflexionas sobre tu vida, tus deseos y lo que quieres para ti y tus seres queridos.

La grulla es el símbolo japonés de la paz, ¿cree que sus grullas traen paz?
Creo que cada uno hace lo que tiene en sus manos. Con pequeños gestos podemos contribuir a hacer un poco mejor la vida de los otros. Cuando caminas por el barrio y encuentras una nueva obra, un búho o una mariquita… son cosas que te hacen pararte, sonreír, evadirte de alguna manera de tus problemas. Mis grullas son un mero gesto, un detalle. Algo que digo siempre es: lo bueno hay que compartirlo; es la manera de transmitir bienestar a quienes nos rodean y este es el espíritu del barrio del oeste.

Rosa nos invita a todos a conocer la organización ZOES, y a participar en sus actividades. Nosotros, por nuestra parte, esperamos que se cumplan todos sus deseos.

Por: Laura Corvo Félix

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