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Chimeneas

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– ¿A qué no adivina con quien me he encontrado ayer?

 

– ¡A qué sí! ¡Con su amigo que le escribió desde la Calzada de los Gigantes!

– ¡Caray! ¡A usted no se le puede sorprender con nada!

– ¿Y qué le dijo? ¿Entendió lo que le explicó?

– Sobre cómo se forman las columnas basálticas, sí. ¡Bueno, casi todo! Pero no localizamos, ni él ni yo, lo de los “Órganos del Diablo”.

– ¿”Órganos del Diablo”? Si no recuerdo mal, le mencione la Torre del Diablo y los Órganos de La Gomera. ¡Vaya batiburrillo que ha organizado!

– ¿La Torre del Diablo? ¿No será una atalaya que hay en Almuñécar? No creo, porque lo que yo vi es una construcción de vigilancia de costa, creo que del siglo XVII o XVIII.

La Torre del Diablo.

La Torre del Diablo.

– Pues no. La que le referí en relación con los basaltos es una enorme chimenea volcánica que está en los EEUU, en Wyoming…

– ¿Chimenea volcánica? ¿Siempre creí que por donde sale la humareda se llamaba cráter?

– No. No. Quizás el nombre más apropiado sea el de “cuello” en vez de chimenea. ¡Verá usted! Imagínese una estatua de un hombre que esté totalmente enterrada en posición vertical. ¿Vale?

– Sí. Siga…, siga.

– Pues sigamos… Llega una máquina excavadora y arranca la cabeza…

– ¡Qué pena! ¡Cuántas obras de arte se habrán perdido así!

– ¡Pues sí! ¡Muchas! Pero bueno…. Quedamos en que tenemos la estatua descabezada y el maquinista no se ha enterado. A continuación llueve torrencialmente y la arena es arrastrada, dejando al descubierto el cuello y el nacimiento del tórax. ¿Estamos?

– Sí. Sí.

– Pues bien, cambiemos el cuerpo de la escultura por el foco volcánico, el cuello sería la chimenea y la cabeza el cono volcánico, con su cráter y toda su morfología. La pala excavadora es la acción de la erosión, que se ha llevado por delante el cráter, ha continuado, y como los basaltos de la chimenea son mucho más duros que la roca que les rodea, al cabo del tiempo destacan en el relieve.

– Entendido. ¿Y esa Torre del Diablo…?

Vista aérea. La Torre mide casi 400 m de altura.

Vista aérea. La Torre mide casi 400 m de altura.

– Es una gran chimenea volcánica, de casi 400 metros de altura, que destaca enormemente en el paisaje. ¿Quiere que le cuente una leyenda que oyó Antonio Arribas, allá en Wyoming?

– ¡Por supuesto!

– Pues había una vez unas jovencitas sioux, o kiowas, que andaban cogiendo frutos silvestres cuando fueron atacadas por un oso gigantesco. Corrieron y se refugiaron en un peñasco, pero estaba claro que el oso iba a subir también. Entonces oraron a Manitú y él las salvó haciendo que la roca se levantase hasta el cielo como una gran columna. El oso intentó gatear el acantilado en todo su derredor, produciendo con sus gigantescas uñas arañazos similares a los que hacen sus congéneres normales en los árboles para afilar sus garras. Y así se libraron aquellas niñas de la voracidad osuna…

– ¡Pobrecitas! ¿Y cómo bajaron de allí?

– Pues es que subieron tanto que se convirtieron en estrellas de una constelación… Claro que puestos a inventar, podemos terminar el cuento más gratamente diciendo que el Gran Manitú envió un águila gigante que las cogió amorosamente y las devolvió a su tribu…

– Pues no está mal el remate. Me imagino que el diablo era el oso gigantesco…

– ¡Claro! Es de admirar como los estadounidenses miman estos paisajes maravillosos. Tengo entendido que éste fue el primer Monumento Nacional que se instauró, a principios del siglo XX, por el presidente Teodoro Roosevelt. Fue ascendido por primera vez en los años 20, ante una multitud, por unos rancheros que clavaron unos tacos de madera para soportar una escalera en el hueco entre dos columnas basálticas. ¿Se imagina cuanto tiempo tardarían en prepararla?  Y hablando de otra cosa… ¿recuerda la película “Encuentros en la tercera fase”?

Explicación sobre el origen de la Torre de Diablo (derecha) tomando como modelo una estatua enterrada (izquierda).

Explicación sobre el origen de la Torre de Diablo (derecha) tomando como modelo una estatua enterrada (izquierda).

– ¡Ah, sí! ¿No me diga que la Torre del Diablo es la meseta donde se produce al final el encuentro con los extraterrestres?

– Pues sí. Así es. Claro que la tramoya con tantos focos luminosos y ruidosos -¡qué tremendo dolor de cabeza tenía al salir del cine!- se hizo en otro lugar. Y la escalada del protagonista es imposible. Pero… en fin. Son licencias cinematográficas del director o del guionista…

 – Tiene usted razón. Parece como si este monumento natural fuese el protagonista de buena parte de la película…

– Efectivamente. Es que los norteamericanos han aprovechado muy bien sus maravillosos paisajes. Pero, si le parece, podríamos hablar de ello otro día…

– De acuerdo. ¡No faltaba más!

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8 Comentarios

  1. Por supuesto que los echaba de menos, pero como te dije creo que deberías bautizarlos debida y convenientemente. Eso puede llevar tiempo y necesita reflexión.

    A mi entender el maestro debe llevar un nombre que no sea el tuyo, sería excesiva identificación.

    Yo te propondría para él el nombre Dr Arribals, que suena como inglés y le da un toque de rigor como si se hubiese Doctorado en Cambridge, pero sin necesidad de que el señor sea inglés. Tieme también cierta ironía porque recuerda a arribista, pero también y sobre todo, sirve como homenaje a tu querido maestro Antonio Arribas. Al discípulo yo lo llamaría Aemilianus. No creo que aceptes mi propuesta. No me importa. Mi premio de consolación será que me digas otra mejor, porque en cualquier caso tienes que ponerles nombre, eso tómatelo en serio. La secuencia de relatos lo reclama urgentemente. ¿Qué es esto de tratar a tipos tan interesantes y humanos, ya nuestros amigos, como A y B? Por favor, Emiliano un poco de respeto que si no se te van a revelar un día y vas a tener que oir de ellos lo que no tienes escrito.

    Un abrazo y hasta pronto,

    Emilio

    • Querido casitocayo. Si te digo la verdad hasta ahora no había tomado en serio tu sugerencia de bautizar a A y a B. Y digo bautizar con todo sentido, porque habrá que hacer una gran ceremonia. ¡Ya se me ocurrirá todo: nombres, lugar y fecha de nacimiento, padre y madre, y, por supuesto habrá que hacerles un DNI! ¿A qué te va gustando la idea? Pues me pongo a ello…
      Un fuerte abrazo, amigo mío

  2. Me parece muy acertado que les bauticeis, entre unos y otros…Aemilianus suena muy bien, y es justo ponerselo. Es el nombre de alguien que siempre está aprendiendo, cada día hay que trabajarselo para vivir algo más, y vivir es aprender. Te pega, digo yo.
    Hace años, otro amigo y yo inventamos, para ocasiones muy serias, citas del Dr Fairfly, de una universidad americana que no recuerdo (podria ser el MIT?)….que siempre colaban. Y este Dr Fairflay no era en realidad sino un personaje de los Hermanos Marx, el marxismo llevado a su más util proyección….Nunca nos pillaron
    Pues hala, a trabajarselo, Aemilianus

  3. Jo, veo que no ha recogido mi comentario, con lo currado que estaba….queda pendiente para otra historia de A y de B, intentaré repetirlo, ahora no sería autentico, solo una copia….Solo puedo decir que en esencia decía que A y B necesitan un nombre, aunque sea sin DNI, sin ADN,….y que Aemilianus me gusta. El resto, para otra “ocurrencia”….que no se me olvide, os presentaba al Dr Fairfly

    • Querido desconocido “Joaquín J II”. A mí me parece que a uno, que me deberíais decir vosotros a cuál, le podría poner por nombre “LAMBRUSCO”, y no por su reminiscencia etílica –no seáis mal pensados– sino por su denominación de origen. Un poco más difícil de deducir es si le ponemos “NUMANTIUS”, que también podría aplicarse al apellido (quedaría “NUMANTINICUS”). O también “SALAMATRITENS”. O también… (continuará)
      Un abrazo grande, grandiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo (cuídate)

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