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El presidente francés que conocía Salamanca con todo lujo de detalles

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François Mitterrand fue, sin duda, la persona más preparada que he conocido. Visitó Salamanca en marzo de 1987. Mostró su admiración por el conjunto de las catedrales salmantinas, la Universidad y la Plaza Mayor. En todo el recorrido no dejó de hacer fotos como si fuera un turista más. Asistió a una comida restringida en el Colegio del Arzobispo Fonseca, no más de media docena de personas. Me sorprendió el conocimiento que tenía de Salamanca. Cuando le explicábamos alguna curiosidad de la historia, el arte e incluso  las costumbres de la ciudad, nos dábamos cuenta de que las conocía. Le hablé de nuestra candidatura para ser Capital Cultural Europea, y se mostró dispuesto a apoyarla. Me dijo que Salamanca merecía ese nombramiento, pero me advirtió de que dependía, en gran medida, de la presentación y el interés del Gobierno de España. Saludó a los salmantinos que, a su paso, se paraban para aplaudirle, y a los estudiantes que protestaban contra las medidas del Gobierno. Mitterrand paseó la ciudad como un ciudadano más. En la plaza de Anaya, al grito de ¡este gabacho también es socialista!, no pudimos impedir que se encontrara de frente con una multitudinaria manifestación a la que saludó cortésmente, quitándose el sombrero e inclinando la cabeza.

Estuvo seis horas en Salamanca, la tarde y parte de la noche del jueves 12 de marzo. Firmó en el Libro de Honor del Ayuntamiento, y en la Plaza Mayor, rompiendo el protocolo, no dejó de fotografiar a sus acompañantes. Todo le gustaba, y exclamaba admirado ante los monumentos que visitamos en el recorrido. No paraba de decir que Salamanca era maravillosa.

Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores llamaron al Ayuntamiento para informarse de qué era eso tan importante descubierto en Salamanca que el mismísimo presidente de la República Francesa deseaba visitar

Paseamos por el Corrillo, Rúa Mayor, Clerecía, Casa de las Conchas, catedrales y Universidad. A petición suya, también estuvo en el Palacio de Monterrey para contemplar los dos paisajes de José Ribera, últimos descubrimientos de Cayetana de Alba. Del hallazgo tenía conocimiento por su secretaria. En el palacio de los Alba se produjo un incidente que puso muy nerviosos a la policía española y a los guardaespaldas franceses. Se fundió un fusible y permanecimos a oscuras durante tres minutos que se nos hicieron interminables.

Su solicitud para visitar Salamanca fue una sorpresa para el mismo Gobierno de Felipe González. Mitterrand pidió ver nuestra ciudad, y más concretamente las pinturas al fresco que se acababan de descubrir en el coro bajo del monasterio de clarisas. Una de las restauradoras del convento era sobrina de la secretaria particular del presidente francés y le había informado con pelos y señales. El hallazgo fue noticia en Salamanca, pero había pasado desapercibido en la Corte de Madrid. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores llamaron al Ayuntamiento para informarse de qué era eso tan importante descubierto en Salamanca que el mismísimo presidente de la República Francesa deseaba visitar.

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1 Comentario

  1. Con estos hechos ciertos y bien contados se demuestra que Salamanca es más reconocida en otros países que en España.
    Madrid es una auténtica “fuerza de coriolis” que se lleva todo lo mejor que tenemos…nuestros “recursos humanos”…sin que nadie haga nada por evitarlo.
    Con el VIII Centenario de la Universidad ha llegado el momento de revertir esta situación. Salamanca tiene que ponerse las pilas para retener y atraer el talento joven que nos saque de este especial “agujero negro” en el que hemos caído…y del que nos va a costar mucho salir.
    Ahora…o nunca…y todos a una…

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