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Las columnas de Pozzuoli

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– ¿Conoce usted Nápoles?

 

– Pues no. No he tenido ese privilegio…

– Yo estuve hace tiempo. Y desde entonces tengo siempre una pregunta en mi mente que puede que usted sepa responder…

– ¿Y de qué se trata? ¿No será de las erupciones del Vesubio?

– No. No. Visité una población… Pozzuoli…

– ¡Aah! ¡Pozzuoli! ¡Las columnas del templo…!

– ¿Pero no decía que no conocía…?

Frontispicio del libro "Principles of Geology" (1830), de Charles Lyell.

Frontispicio del libro “Principles of Geology” (1830), de Charles Lyell.

– No. Nunca estuve allí. Pero todos los que tuvimos la gran suerte de ser alumnos de don Francisco Hernández Pacheco y de don Bermudo Meléndez sabemos que esas tres columnas de mármol, que jamás se cayeron, corroídas parcialmente por moluscos marinos, son uno de los pilares -nunca mejor dicho- de la Geología moderna, al ser estudiados por el gran Lyell. Fueron, más tarde, el fundamento de las teorías de Darwin sobre el origen de los arrecifes madrepóricos…

– ¿Y cómo se explica eso? Nos dijo el guía que se debía a piromanías o algo así. Pero no veo qué relación puede haber  entre la erosión por moluscos y los amantes del fuego. A no ser que los cocinasen en su base…

– No es eso. No. Entendió mal la palabra. ¡No era “piromaniático”! Quiso decir “epirogénico” o “epirogenético”.

¡Aah! ¿Y eso qué es?

– Pues verá usted. Es lógico pensar que esas tres columnas, siempre verticales, del templo portuario -que creo estaba dedicado a un dios egipcio, porque Pozzuoli era el destino del trigo que llegaba de Alejandría hasta que se construyó Ostia-, se hicieron y se plantaron fuera del agua. Ningún terremoto las ha derribado. Si están carcomidas por esa fauna marina es porque durante algún tiempo estuvieron parcialmente sumergidas. Y si hoy se ve el resultado es porque en un momento determinado emergieron de las aguas. Eso hace suponer unos movimientos verticales de la corteza continental, que se llaman epirogénicos.

¿Y eso no puede ser debido a cambios del nivel del mar por el deshielo polar, por ejemplo?

– Bueno; eso fue motivo de controversia durante el último tercio del siglo XIX. Charles Darwin era partidario de los movimientos epirogénicos para explicar la diferencia entre los distintos tipos de arrecifes coralinos. En cambio, Reginald A. Daly sugirió que se debían a cambios globales del volumen marino, con su consiguiente variación del nivel cero. Se les ha llamado movimientos eustáticos.

Detalle de la bioerosión en las columnas del templo de Pozzuoli.

Detalle de la bioerosión en las columnas del templo de Pozzuoli.

– Esto lo comprendo bien. Está muy de moda hablar de ello debido a los posibles cambios climáticos, el calentamiento del planeta…

– Pues imagínese durante el Cuaternario, con media Eurasia y América del Norte cubiertas por gigantescos glaciares, y sus periodos interglaciares. ¡Qué cambios se producirían!

– ¿Y a qué se pueden deber los movimientos epiro…, epiro…?

– Epirogénicos. Pueden producirse por isostasia, que me imagino tendré que explicar que es…

– Pues sí, porque no tengo ni idea…

– Imagínese unos bloques de madera flotando en agua. Las partes sumergidas (“s”) y emergidas (“e”), o sea, lo que se hunden, depende de la densidad de la madera, y si ésta es siempre de la misma clase, la relación (“e/s”) es constante. ¿De acuerdo?

– Pues… sí.

– ¿Qué pasa si colocamos un trocito de la misma madera encima de un bloque?

– ¡Que se hunde un poco más!

– ¡Eso es! Se hunde hasta que la relación “e/s” alcanza el mismo valor. Y si lo quitamos, el bloque se levanta.

Dos bloques de madera, A y B, se sumergen en agua s1 y s2, dejando emergidos e1 y e2, de modo que e1/s1= e2/s2. Si sobre A colocamos un tercer bloque C, ambos se hunden hasta que e3/s3= e1/s1.

Dos bloques de madera, A y B, se sumergen en agua s1 y s2, dejando emergidos e1 y e2, de modo que e1/s1= e2/s2. Si sobre A colocamos un tercer bloque C, ambos se hunden hasta que e3/s3= e1/s1.

– ¿Y eso que tiene que ver con las columnas de Pozzuoli…?

– ¡Espere! Ahora sustituyamos el agua, de densidad 1, por una masa de densidad 3,1, la corteza profunda, el Sima. Y la madera por otra de densidad 2,6, la corteza ligera o granítica, el Sial. Éste prácticamente flota en el Sima. ¿Lo entiende ahora?

– ¡Pero tanto la corteza profunda como la ligera están formadas por rocas sólidas…!

– La geología no puede comprenderse si no nos desprendemos de nuestro natural antropocentrismo. Todo es relativo. Si en lugar de tomar la densidad del agua como unidad, lo hacemos con la del sima, llegaremos a pensar que el Sial flota y sus fragmentos se pueden mover en él como si fueran témpanos, como sugirió G. B. Hairy a finales del XIX. De aquí a la idea de que los fragmentos de continentes de separen, de que vayan a la deriva, sólo hay un paso, que fue dado por Alfred Wegener.

– ¡Vale, vale! Pero eso serían movimientos horizontales, o si quiere llamarlos en relación a la esfera terrestre, tangenciales. ¿Pero los verticales?

– Considere ahora que en lugar de los trozos de madera sobre los bloques flotantes en el agua, tenemos las grandes glaciaciones sobre los continentes. ¿El peso de esas enormes masas de hielo no los hundiría verticalmente? Y al desaparecer, al fundirse, en los periodos interglaciares del Cuaternario… ¿No se levantarían? Observe que al mismo tiempo que se dan estos movimientos epirogénicos, o isostáticos, el agua del deshielo o la siguiente glaciación producirían al mismo tiempo los cambios eustáticos consiguientes.

Esquema muy simplificado de la estructura de la corteza terrestre.

Esquema muy simplificado de la estructura de la corteza terrestre.

– Sí. Tiene usted razón. Y entonces, ¿así se explican las columnas de Pozzuoli?

– Así me lo explicaron a mí. ¡Y las tres columnas siguen erectas, como un vivo testimonio geológico mostrando a todos su historia! No sé si hoy están plenamente vigentes estas teorías o si se ha añadido algún factor nuevo. Tenga en cuenta que en el último medio siglo han surgido importantes novedades para explicar los movimientos orogénicos, la “tectónica de placas”.

– ¡No se oye otra cosa en los últimos tiempos! Me lo tiene que contar…

– ¡De acuerdo! Pero por hoy ya es bastante… Será otro día…

 

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5 Comentarios

  1. Vaya, pues yo sí que he estado en Nápoles pero no conocia la curiosa historia de estas columnas “anfibias”. Gracias, como siempre, por descubrirnos tantas cosas sorprendentes e interesantes.

    Un abrazo,

    Armando

    • Queridos amigos: ¡Cuántas cosas habrá que no apreciamos y hemos pasado a su lado! Son tantas que más vale no pensarlo. Lo que celebro muy sinceramente es que estas ocurrencias mías cumplan aquel dicho clásico de que hay que “enseñar deleitando”. Debería ser siempre así, pero…
      Un abrazo muy fuerte a todos.

    • Es un enorme placer enseñar a personas, como tú, querida Azucena, abiertas a todo tipo de comunicación. Un abrazo muy grande

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