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El caballo de Troya de la privatización

Hospital Virgen de la Vega.
Esperanza González Marín.

Esperanza González Marín.

Frente al grave problema de las dimensiones actuales de las listas de espera tenemos que estar alerta ante las soluciones planteadas, ya que algunas de ellas están funcionando como el caballo de Troya que al abrirse deja salir al enemigo y nos va  dejando parcelas y espacios privatizados.

Con la excusa de las listas de espera se derivan intervenciones y exploraciones a empresas privadas, en vez de utilizar este gasto en dotar de recursos al sistema.

Con la excusa de la crisis económica, salen voces que reclaman un cambio del modelo sanitario −sin embargo el informe de 2016 de la OCDE señala que nuestro país se encuentra entre los que menos gastan y que mejor relación calidad/precio obtiene-, pero no exigen una priorización justa en los gastos -inversiones en empresas privadas o en sanidad pública- o un cambio en la política fiscal que proporcione más recursos.

Con la excusa de demandas desbordadas hemos perdido el principio de universalidad y se nos ha aplicado un copago discriminatorio.

Con la excusa de una mayor eficiencia se nos han “colado” las unidades de gestión clínica.

Por favor, atentos a los regalos escondidos de los griegos.

Esperanza González Marín

Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública

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1 Comentario

  1. El hecho de que el sistema sanitario público recurra a la sanidad privada es un dato significativo de su inoperancia, limitación, ineficacia o incluso ineficiencia. Dicho en román paladino, es una prueba evidente de que al sistema público le resulta menos costoso (¿o hay corruptela?) encargar intervenciones y pruebas a otra empresa externa que realizarlas con recursos propios. Es decir, si lo que cuestan estas intervenciones se empleara en adquirir recursos humanos y medios materiales para realizarlas en los centros públicos, se ejecutarían menos intervenciones que contratándolas por el mismo importe a centros privados, incluso no imputando las amortizaciones y gastos fijos del sector público. Conclusión: la gestión pública es más ineficiente que la privada. Pero nadie subraya este dato; lo que se hace es pedir más recursos (más dinero). ¿Para qué, para seguir despilfarrándolos? Lo que habría que hacer, pues, es exigir una gestión más eficiente, un mayor aprovechamiento de los recursos disponibles. ¿Es esto viable y realista? Prácticamente la totalidad de los gestores actuales y anteriores, en mi opinión (y algo sé de lo que hablo), son y han sido profesionales tan preparados y capacitados para desempeñar las funciones inherentes a sus cargos como lo puede estar un peón de mantenimiento para poner con éxito una nave espacial en el espacio. ¿Creen que exagero? Tengo comprobado que no sólo no es así, sino que mi valoración anterior se había quedado corta. Por tanto, sólo por este escollo insalvable (son políticos, no profesionales a los que se puede despedir) es preferible para el contribuyente, aunque éste no lo crea así, un sistema privado auténtico a uno público. Existen otras razones más, que no puedo exponer por falta de espacio, que convierten un sistema privado, en un mercado libre, en una opción preferible (mayor eficacia, mayor eficiencia, mayor calidad) a un sistema público. Las iré desgranando en futuras ocasiones.

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