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Cuéntame otro cuento

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A todos los niños les gusta escuchar cuentos, sobre todo si los narradores son sus padres. Leerles un cuento antes de dormir es un buen hábito y si se inculca desde bebés, mejor.

Existen muchos niños que piden uno, otro y otro, pero para retrasar el momento de cerrar los ojos y comenzar a dormir.  Es como si se enganchasen a ese momento mágico con papá y / o mamá y no quisieran que acabara nunca. Por este motivo los padres tienen que saber poner unas reglas y cumplirlas. Si sólo desean contarles uno, se lo tienen que dejar claro a los hijos, si por el contrario este tiempo les sirve para compartir pueden alargarlo.

Contar y escuchar cuentos aporta muchos beneficios para la familia, pero sobre todo para los hijos:

.- Desarrollan la capacidad de escucha.

.- Aprenden vocabulario, entonación y dicción.

.- Se incrementan los lazos entre los progenitores y los hijos.

.- Ayudan a amar los libros y a ser excelentes lectores en el futuro.

.- Incrementan la creatividad porque muchos padres son grandes cuenta cuentos y utilizan recursos como: el cambio de voz según qué personaje,  la dramatización con gestos y posturas, y con la voz, pueden llevar a los más pequeños a mundos mágicos.

Desde pequeños se puede pedir a los hijos que inventen sus propios cuentos y se los relaten a sus padres, hermanos o a los abuelos.

En el mercado actual existe una gran variedad de cuentos adaptados a todas las edades y de diferentes soportes: papel, cartón, con música, con adhesivos, para colorear, en audio y en vídeo, sin olvidarnos los de los programas informáticos que mantienen a los niños hipnotizados.

Una buena costumbre es acudir a las bibliotecas para sacar cuentos, o para participar en actividades de animación a la lectura como las de los cuenta cuentos que también acuden a los colegios.

Mención especial merecen los abuelos que son grandes narradores de historias que entusiasman a los nietos y que les piden que se las cuenten una y otra vez. El problema viene cuando se inventan un cuento y al repetirlo no lo hacen de la misma forma, y los niños se dan cuentan, pero nunca les importa porque el cariño que ellos ponen al narrar es más que suficiente para salvar el error.

Desde estas líneas animo a las familias a que sigan contando cuentos a sus hijos sin olvidar que es la mejor semilla para tener grandes lectores.

Ilustración: Miguel González Cabezas

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