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Exuperio

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Las personas grandes aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: ¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas? En cambio, os preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre? Solo entonces creen conocerle. Si decís a las personas grandes: He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo, no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: He visto una casa de cien mil francos. Entonces exclaman: ¡Qué hermosa es!” (*)

¡Ja! Esto es una fabulada historia creada para niños. Nuestras cosas, son cosas de personas grandes, no estamos como para andar divagando acerca de si es posible, que un niño de otro planeta, ataviado con chaqué verde, aparezca por arte de magia en medio del desierto. No estamos para divagar sobre nada, en realidad. Que es la que es.   

Ya se darán cuenta. Aquellos que se niegan a aceptar el mandato de su DNI se darán cuenta, de que lo único que importa es tener seguridades, sobre todo, en lo que respecta a la seguridad. De coleccionar mariposas no se vive. ¿Juegos? Venga, por favor… No seamos ridículos. Para niños, casinos o tardes de domingo. Única y exclusivamente.

Las personas grandes no podemos vivir de fantasías. Estamos obligadas a complacer importantes obligaciones para merecer nuestro lugar en el centro de la mitad. ¿Cómo si no? Estamos obligados a formar parte del sistema del que formamos parte, el rancho, como no, obliga. Hay que cumplir y cumplir y cumplir, porque lo contrario es ser cigarra.

Las personas grandes tenemos que mostrarnos fuertes en todo momento o seremos el fresco pasto de cualquier absurdo ovino. No podemos vacilar ni un instante. En ninguna circunstancia. Despreciando toda emoción. Y rapidito. Hay que llegar a mañana corriendo.

Hay tres cosas que las personas grandes debemos entregar sin pestañear. Esfuerzo, esfuerzo y esfuerzo… Porque si no cuesta, no vale. Déjate. No vale de nada. Nada de dibujar, nada de plastilina… Eso que te gusta hacer, nunca debió salir de la caja donde escondes los placeres. Porque eso que te provoca placer, no puede ser algo nuclear en tu vida, porque esta, sin duda, no te va a pasar ni una. Sería demasiado fácil, si para ti es sencillo.

Siendo una persona grande hay que andar con sumo cuidado. Lo más sensato es pasar lo más desapercibido/a posible. Destacar puede acarrear indescriptibles consecuencias. No cantes a solas, no bailes a solas. Debemos ir todos en la misma dirección, todos de acuerdo. Sin divergencias. Eso es lo realmente importante.

Cualquier persona grande de bien, lo afirmaría sin dudar. Personalmente, me tranquiliza morar en un lugar distinto, en el que ni se sacrifican niños ni estos se auto fagocitan. Y, a veces, se juega a los juegos.

(*) De El Principito, Antoine de Saint-Exupéry. Salamandra. La de ilustraciones desplegables. 636 gracias.

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