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¡¡¡ 2017 !!!

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Tuve yo un gran profesor, admirable, Bermudo Meléndez, que por Navidad enviaba una tarjeta a todos sus alumnos, con su deseo de felicidad en las fiestas y en el próximo año que se avecinaba. Incluía en el anverso el dibujo de un fósil de su Tratado de Paleontología. La primera vez que lo hizo yo le devolví el saludo con un dibujo mío, en el sobre. No conservé copia –no había la tecnología de hoy– y lamento no poderme valer de él para acompañar lo que os he escrito.

 

No voy a caer en la facilidad de comprar un dibujo, o aprovechar los miles y miles que circulan por las redes informáticas, o hacer una fotografía historiada de la bola gigante que adorna en estas fechas navideñas la Plaza Mayor de Salamanca –preciosa la bola, por cierto, como lo es el marco de la impresionante Plaza–, u otras lindezas que no hay más que cogerlas. ¡No!

Y acordándome de lo que hacía don Bermudo os he escrito un poema –malo– y hecho un dibujo alusivo al nuevo año. En él, un Iberosuquito viene a este mundo bajo la atenta mirada de su mamá, a la que se le cae la baba contemplando el acontecimiento.

Podríais pensar que se lo va a comer y por eso babea, pero ¡no! Recordad que los cocodrilos no lloran porque se comen a sus hijos, como si fueran Saturnos. No hay madres más solícitas –¡Bueno, sí! ¡Sí las hay!– llevando a sus retoños entre sus feroces mandíbulas, con toda delicadeza, hasta un lugar en que puedan estar seguros de los depredadores.

No se sabe nada sobre la nidificación de estos cocodrilos terrestres. ¿Sería como la de sus parientes acuáticos, enterrando los huevos en montones de tierra y vegetación? Yo más bien pienso que sería similar a la de los carnosaurios mesozoicos. El tiempo, con sus futuros hallazgos, nos lo aclarará.

La baba del Iberosuchus, nociva, era fatal para sus presas, que no podían cerrar la herida causada por los terribles dientes aserrados. Desangradas y debilitadas, eran entonces devoradas por el gran rey de las selvas eocénicas. ¡Muerte en aquel tiempo pasado, en contraste con la renaciente vida que representa el huevo roto!

Bien. ¡Basta ya de historias truculentas! ¡Vamos a lo nuestro, que para eso es Primero de Enero! Aquí tenéis lo que se me ha ocurrido para que lo celebréis

 

Diecisiete. Diecisiete. ¡Ya llegó!

Tanta histeria, tanta prisa…

¡Pues ya está! ¡Todo pasó!

¡Con sonrisa, o sin sonrisas!

Fue como un día, otro más,

quizás con más de champán,

doce uvas, muchos besos.

Mas los meses pasarán

corriendo como posesos,

sin darnos cuenta, además…

Ahora gástate el dinero,

que los niños… ¡niños son!

para decirnos “te quiero”

al comernos el roscón.

Y cuando pasen las fiestas

y al trabajo vuelvas ya,

acuérdate de este amigo

que te quiere de verdad.

 

 

 

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