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Padres pesados

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La mayoría de los padres han escuchado una y otra vez de boca de sus hijos frases como estas: ¡Sois unos pesados! ¡Siempre repitiendo lo mismo! ¡Estoy harto! ¡Me estáis amargando la vida! ¿Me queréis dejar en paz?

 

Estas frases son las respuestas a las que dicen los padres mientras educan a sus hijos y repiten una y otra vez para que ellos obedezcan y realicen  las acciones que solicitan con frases como:  ¡pero cuántas veces te tengo que repetir lo mismo!, ¡es que como yo no esté encima! ¡Estoy harto de repetirte todos los días lo mismo!

Los hijos viven estas situaciones como un drama y muy frecuentemente terminan con discusiones, portazos, miradas asesinas, o reproches haciendo sentir a los padres culpables e incompetentes.

Los padres no se tienen que sentir que son unos pesados, tienen que conocer que educan y que para que se aprendan la lección tienen que repetirla muchas veces.

Algunos consejos para que los padres se sientan bien a la hora de educar y no caer en la culpa pueden ser:

  1.  Repetir las instrucciones con seguridad y firmeza.
  2.  No hablar constantemente, más bien actuar.
  3. No reiterar las cosas que hacen mal y sí recordarles constantemente como se hacen bien.
  4. Antes de responder a todas las demandas de los hijos, es preferible indicarles que busquen ellos sus propias respuestas.
  5. Evitar el control desmesurado de  donde están, con quién y qué hacen.  Es aconsejable que se informen bien antes de controlarles el móvil o de supervisar sus cosas personales o su habitación. Hay que ganarse la confianza sin invadir su intimidad. Es necesario supervisar, pero de manera muy sutil.
  6. Evitar una protección constante que proviene del miedo y confiar en las posibilidades de los hijos  aceptando sus errores.
  7. Poner normas y límites y dejar claras cuales son las consecuencias de saltarse dichas normas.

Los padres tienen que educar de manera sistemática y por ello repetir a los hijos muchas veces las cosas. Hay que recordar y volver a recordar lo que es tolerable y lo que no lo es y aún así los  hijos siempre van a llamarles pesados.

Ilustracción: Miguel González Cabezas

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