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Contradicciones

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A veces el nerviosismo hace que incurramos en contradicciones. Nos pasa a todos cuando la verdad inconsciente no coincide con la verdad declarada.

Viene esto a cuento de las frecuentes y evidentes contradicciones que últimamente observo en los medios en relación con PODEMOS, y en las que parece que la música va por un lado y la letra o los datos por otro, pero -y esto es lo incongruente- brotando de la misma fuente, del mismo lobby.
Quizás por una debilidad de la memoria inmediata o una excesiva avidez del mensaje a vender, se incurre en contradicción.

¿Esta dicotomía se debería a algún tipo de nerviosismo en que el deseo incontrolado de manipular la realidad ofusca la mente, y afirma lo que al mismo tiempo desmiente?

Veamos un ejemplo: casi al mismo tiempo y el mismo día que a los simpatizantes o votantes de PODEMOS se les calificaba de “lumpen” en un medio muy señalado de nuestra prensa nacional, se describe y demuestra con datos, pelos y señales, que este nuevo partido emergente se nutre en sus votos y simpatías principalmente de las clases urbanas, modernas, y cultas (con estudios superiores) que han abandonado, frustradas y desengañadas, al PSOE.

Así ese “lumpen” que un poco antes se menciona coincidiría con los “sectores de la sociedad que son muy representativos de los valores de progreso”, “muy representativas de la modernidad”, es decir “los sectores más avanzados de la sociedad”.

Otro ejemplo: al mismo tiempo que se nos describe, como si fuera la primera lección del parvulario civil, que es “Populismo” (ese intento de conseguir el poder diciendo a la gente lo que quiere escuchar, haciendo pasar las mentiras por verdades, aspirando a cosas tan imposibles como molestar a los que roban, etc., etc. ), y se trae como botón de muestra de ese fenómeno siniestro a PODEMOS (no sin antes ponerlo junto a Donald Trump, en un alarde de la técnica milenaria del lavado de cerebro), se explica un poco más adelante que la formación política que ha demostrado especial lucidez y perspicacia al hacer el diagnóstico correcto de nuestra triste situación política y social es justamente PODEMOS.

¿No es el diagnóstico certero la primera etapa de una terapéutica idónea?

Cierto es que otros tienen a los podemitas como expertos en la denuncia de los vicios, e imberbes en aportar y explicar las soluciones. En definitiva, cosa de jóvenes, como si la corrupción fuera cosa de viejos y experimentados sabios, y las “soluciones” veteranas que nos han traído hasta aquí fueran el síntoma más claro de la mayoría de edad.

Cabe pensar que quien así respira, no se ha leído los programas, ni ha mirado lo que tiene delante.

Tanta contradicción sólo puede provenir de nerviosismo. Y el nerviosismo es una emoción que se contagia mucho.
Hasta los más nobles ideales no están libres de ese contagio.

A lo que voy: no es deseable para un político o un partido político dar miedo, salvo que nos refiramos a la prevención que el delincuente de forma natural debe tener hacia la investigación del delito y actos consecuentes de la justicia. Pero eso son cosas de la justicia, que esperemos que en un futuro no muy lejano tenga vida propia en nuestro país, como en las democracias de verdad.

Si nos referimos a otro tipo de situaciones, regímenes, mafias, o cotarros de todos conocidos, también está de más el miedo que podamos provocar, porque los que están en ellos implicados hasta las cachas, ya se dan miedo a sí mismos, no hace falta ayudarles.

Obvio es y sobra decir que a quien más miedo tienen algunos de nuestros prohombres más señalados  y pringados, es a sus “amiguitos del alma”, antiguos camaradas de inconfesables saqueos.

Un partido político lo que tiene que provocar es ilusión y esperanza, y trabajar con honestidad por las causas que considera justas. Con la conciencia limpia y los objetivos claros se llega a todos los sitios, aunque se tarde en llegar. No siempre va a estar el mundo al revés, como ahora. De vez en cuando el mundo recobra la cordura, y hay que trabajar en esa dirección y para ese momento. Con paciencia y sin desanimo. El miedo y el desánimo es el juego de aquellos que no tienen la conciencia tranquila, no el de los políticos honestos.

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