José Luis Gómez en el Paraninfo.Ya sé que estáis esperando mis palabras, porque me conocéis bien y sabéis que no soy capaz de permanecer en silencio ante lo que se está diciendo. Callar, a veces, significa asentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia.Se ha hablado aquí de una guerra internacional en defensa de la civilización cristiana. Pero esta, la nuestra, es solo una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer es convencer, y hay que convencer sobre todo. Pero no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, ese odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva (mas no de inquisición).Se ha hablado de catalanes y vascos, llamándoles la antiespaña. Pues bien, por la misma razón ellos pueden decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo [Plá y Deniel], catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer. Y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española que no sabéis. Ese sí es mi Imperio, el de la lengua española y no...
Así, comienza José Luis Gómez, inmerso en el papel de Unamuno a recrear el discurso del viejo rector en el Paraninfo de la Universidad aquel 12 de octubre de 1936, ante un auditorio entregado al fanatismo y la barbarie, ante un Millán Astray que cortó el discurso de Unamuno en varias ocasiones para gritar aquello de: ¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligenca! Y allí, un Unamuno que como defensa tiene sus palabras, que hieren como puñales, y sus manos para taparse los ojos ante aquella vergüenza colectiva.Y así contesta Unamuno: El general Millán Astray es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no se tocan ni nos sirven de norma. Por desgracia hoy tenemos demasiados inválidos en España y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología a las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes se sentirá aliviado al ver cómo aumentan los mutilados a su alrededor. El general Millán Astray no es un espíritu selecto: quiere crear una España nueva, a su propia imagen. Por ello lo que desea es ver una España mutilada, como ha dado a entender.
Unamuno le plantó cara a la barbarie en Salamanca ese día y sus palabras fueron una profecia de lo que iba a acontecer en España los siguientes cuarenta años, donde se mutilaron no sólo los cuerpos, también el conocimiento."Unamuno tenía coraje, decencia y honradez civil. Es un referente, sobre todo ahora que la palabra decencia ha desaparecido del lenguaje público", explica José Luis Gómez al analizar al personaje.
El director, Antonio Menchón, supervisando la escena en el Paraninfo de la Universidad.El episodio que tuvo lugar en el Paraninfo se puede ver también en la película 'La isla del viento', de Antonio Menchón, y Gómez señaló que había sentido miedo al rodar esa escena. "Pocas veces en mi vida he sentido tanto pavor como cuando empujado por unos y otros, aullando, me metieron a trompicones en el coche y los veía a través de la ventanilla y eran una manada de mastines, sentí pavor". Es de suponer, que Unamuno sintió aún más miedo, porque su vivencia fue real, quizá por ello, Gómez remarque lo de que "fue muy valiente".Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España.
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