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Ciudad Rodrigo

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1¡Ciudad Rodrigo! ¿Que tiene, que con sólo oír su nombre ya me resulta relajante? Os contaré…

Pero no penséis que me voy a extender en su brillante historia, con sus sitios, el heroico general Herrasti o las hazañas de Don Julián Sánchez “El Charro”, que se evocan fácilmente al circunvalarla por lo alto de sus murallas. Ni sobre su famoso carnaval u otras fiestas mirobrigenses tradicionales. ¡No! Para eso están las guías turísticas.

Ni tampoco os hablaré de geología, de la fosa tectónica, de su estratigrafía… Entonces… ¿de qué? Pues, por ejemplo…

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Corría el año 80. Era el día de San Isidro, jueves. Habíamos ido en dos coches, Antonio Arribas, Agustín Martín-Izard, que recogieron en Ciudad Rodrigo a Javier Herrero Payo, y yo, para resolver algunos problemas de la geología de campo. El mío era sobre un conglomerado que me habían dicho estaba en un pueblo del Campo de Azaba. Llegué, vi y resolví. Y como me quedaba tiempo recorrí algunos pueblos cercanos. En uno de ellos, no recuerdo cual, había una procesión con el Santo Patrón de los labradores…

Mientras esperaba en el sitio de cita a mis compañeros empezó a dolerme una muela. ¡Y mucho! Es la única vez que he tenido ese enorme sufrimiento. ¡Hace falta conocerlo, siquiera una vez, para saber lo que es eso! Entonces comprendí la desesperación de algunas personas que llegan a hacer verdaderas salvajadas en tales situaciones… ¿Dónde acudes cuando pasa esto? ¿Dónde?

Pero yo estaba solo en pleno campo. Por fin llegaron y… ¡A comer! ¡Los otros, porque yo no podía! Y lo peor del caso es que yo llamé a mi dentista habitual, que no podía atenderme hasta la semana siguiente. Menos mal que alguien contactó con el suyo, Marcelo Cuadrado, y quedamos en que me atendería al día siguiente, viernes.

Resultó que nos conocíamos de vista, al haber coincidido en alguna celebración universitaria. Bueno, pues me extrajo la dichosa muela y se acabó el dolor.

Pero durante aquellos sábado y domingo la herida no se cerraba y se formó una infección maloliente. De modo que el lunes volví a la consulta:

Pero ¿por qué no te has puesto un antibiótico? – me preguntó.

¡Como no me dijiste nada!

¿Pero tú no eres doctor?

¡Sí! ¡Pero en Ciencias, no en Medicina!

No hace falta que siga. Ese es mi recuerdo del único dolor de muelas que he tenido, que asocio siempre al 15 de mayo de 1980, en Ciudad Rodrigo.

Pero no al revés. O sea, que Ciudad Rodrigo no es para mí como un dolor de muelas, sino un semillero de gratos recuerdos: de monumentos, de amigos y de hechos.

Puerta en esviaje defensivo. Catedral de Ciudad Rodrigo.

Puerta en esviaje defensivo. Catedral de Ciudad Rodrigo.

Por ejemplo: la puerta en Esviaje de la Catedral, que me habían explicado era una de las muy pocas que había en España. Pero después he comprobado que no es así. Incluso vi una en un edificio de viviendas en Zamora. Pero el acceso interior no era en diagonal, que es lo que significa “esviaje”. Se trata, en este caso zamorano, de un adorno arquitectónico basado en la asimetría, en mi opinión con mucho acierto, haciendo juego con las paredes del rincón en que se encuentra.

Lo que sí tiene de especial la Puerta en Esviaje de la Catedral de Ciudad Rodrigo es que hay un muro nada más traspasarla, a muy poca distancia, abierto sólo hacia la izquierda. Se trata de una artimaña defensiva, supongo; y me imagino unos combatientes que van retrocediendo hacia la puerta, y al tocar con la espalda el muro se desplazarían hacia la entrada, dejando siempre la mano siniestra manteniendo el escudo.

Por tanto a esta extraña puerta habría que ponerle el apellido de “defensiva” y a eso debe referirse su rareza en España.

En Zamora. Puerta en esviaje decorativo.

En Zamora. Puerta en esviaje decorativo.

Sin embargo, la idea de la defensa con puertas en esviaje es muy antigua, empleándose en poblados con doble muralla o con un simple refuerzo detrás de la entrada. En el territorio vacceo era frecuente esta táctica.

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Y hablando de otro asunto: ¿Qué tiene que ver con Ciudad Rodrigo mi grabado que acompaña a esta “ocurrencia”? Alguno debe saberlo, pero me imagino que no muchos.

Lo aclararé. Visitad, además de la Puerta en Esviaje de la Catedral, su Coro. Contiene una maravillosa Sillería en la que no hay dos sitiales semejantes. Los entalladores supieron plasmar magistralmente lo que su imaginación les permitía, sin freno. Aunque se sabe que tomaron las ideas de libros ilustrados.

Mi grabado se inspiró, libremente, en las esculturas de las Sillas del Coro. Lo titulé en 1998 “Ciudad Rodrigo”, pero es evidente que habría que renombrarlo. ¿Qué os parece si ahora lo llamamos “Concupiscencia”? O “La Caverna del pecado”. O …(Se admiten ideas)

¿No es cierto que al verlo se pueden inventar mil historias o leyendas? ¿Queréis que me explaye con una…?

Pues… Erase una vez… ¡Pero no! ¡Hoy no!

 

4 Comentarios

  1. Querido Emiliano,

    Nos tienes que contar cómo haces los grabados con todo detalle y a ver si te animas y haces uno de esa maravillosa puerta en Esviaje de la Catedral de Ciudad Rodrigo. Aunque la de Zamora también es bien interesante, me quedo con la primera. En cuanto al título para el grabado, hasta que no vea la obra original prefiero no opinar. Me da la impresión de que el diseño tiene mucha miga, sobretodo con esos dos señores que miran al perro, uno por delante, protegido con una especie de sombrero y el otro por detrás que parece tener alguna herramienta. Una pregunta: ¿Se trata de un perro con dos cabezas?. ¿Tiene algo que ver con lo que cuentas del dolor de muelas?

    Tengo que decirte que el libro sobre el Yacimiento de Villarroya pronto pasará a la imprenta. Un día de estos espero recibir para le firma el contrato de edición. Ya te tendré informado.

    Un abrazo y hasta pronto,

    Emilio

    • Ya contaré lo de los grabados. En este caso los personajes gusanoides y las figuras de abajo están inspiradas en motivos monstruosos de la Sillería. Los detalles de la cueva son míos. ¡Parece que me has leído el pensamiento, porque me propuse hacer un grabado de esa puerta la semana pasada! ¡Pero no me daba tiempo! ¡Algún día lo haré!. El grabado no está relacionado con mi dolor de muelas, pero bien podía haberte dicho que sí.
      Un abrazo y ¡Adelante con el libro!

  2. Efectivamente, un dolor de muelas se las trae y es una experiencia que quien la haya vivido, sobre todo sin auxilio próximo, recuerda siempre con detalle y casi con pavor… El dolor alarma pero de forma continua y persistente devasta y aniquila…
    Yo también recuerdo un dolor de muela en la década de los 80 Juegos olímpicos de Seúl, verano de 1988.

    Un fuerte abrazo

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