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Una mujer dura y valiente

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Monograptus de la Sierra de Tamames.

Monograptus de la Sierra de Tamames.

En la primavera de 1970, Julio Saavedra, colaborador del Departamento de Geología, encontró en los alrededores de La Bastida, en la salmantina Sierra de Tamames, varias muestras de areniscas cuarcíticas con fósiles. Una de ellas mostraba claramente que se trataba de un graptolito. Las otras contenían un pequeño trilobite y un braquiópodo, inidentificables ambos.

El graptolito estaba en muy buen estado, por lo que nos propusimos determinarlo y hacer una publicación sobre la Sierra de Tamames. Con tal motivo invertí algún tiempo en buscar bibliografía adecuada en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y en la Real Academia de Ciencias, llegando a la conclusión de que se trataba de un Monograptus priodon. Tal no quiere decir que yo fuese un graptolitólogo. No. Lo que hice no era de índole paleontológica, sino más bien cronoestratigráfica.

¿Tenéis curiosidad en conocer la diferencia? ¿Sí? Pues lo voy a explicar. Pero no temáis, que no voy a daros una pedantesca lección magistral.

En primer lugar os diré que los graptolitos reciben este nombre por ser como trazos dibujados, sobre todo en pizarras. Se trata de colonias de pequeñísimos animales que vivían en tecas adosadas a una especie de espina –no quiero abrumaros con nombres técnicos– de forma variada, que se supone anclada a un flotador que circulaba profusamente por las corrientes marinas de aquellas remotas épocas del Ordovícico, Silúrico y comienzos del Devónico. La forma de las espinas (que puede ser doble o cuádruple) y de las tecas permite diferenciar una enorme cantidad de especies de gran difusión estratigráfica y corta vida geológica. Basándose en ello es famosa la división cronoestratigráfica que hicieron, hace 100 años, G. L. Elles y E. M. R. Wood (E&W), con nada menos que 33 niveles graptolíticos en Gran Bretaña, que sirvió de modelo al resto del mundo.

Lo que hice fue, simplemente, llegar a la determinación de un ejemplar y en qué nivel de los 33 de E&W se daba. No traté de definir una especie o variedad diferente ni hacer una nueva clasificación. ¿Comprendéis ahora la diferencia?

Dado el éxito de aquella determinación decidimos efectuar un corte geológico transversal a la Sierra de Tamames. Y así tuvimos la suerte de hallar otro ejemplar graptolítico, en este caso un Rastrites, en el lugar del primero, situado a unos 2 km al este de La Bastida. Decidimos hacer el corte más allá de la divisoria de aguas Duero-Tajo, donde la enorme erosión de los ríos de Las Quilamas, Francia y sus múltiples torrentes ha formado un paisaje espectacular por su profundidad y aspereza.

Tenía preparadas unas líneas para explicar de un modo sencillo y asequible lo que los geólogos llamamos el complejísimo “Sinclinal de Tamames”, pero por hoy ya he dado mi lección y no quiero aburriros con una segunda. Sólo quiero resaltar la gran profundidad de los barrancos torrenciales que vierten hacia la cuenca del Tajo, que van comiendo terreno lenta e inexorablemente a los más suaves relieves de la del Duero.

La profundidad de dichos barrancos hizo que tuviésemos que dividir la toma de datos en varias jornadas. Y al final dejamos la publicación como una contribución al conocimiento del Silúrico de la Sierra de Tamames. Puede leerse en el volumen 2 de la revista Stvdia Geologica (1971).

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Por éste profundo barranco subimos a Peña Lorente...

Por éste profundo barranco subimos a Peña Lorente…

Y esto ¿qué tiene que ver con el título que le he dado a esta “ocurrencia” mía de hoy?

Pues veréis. En octubre de 1970 mi esposa se empeñó en acompañarme cuando hice el segundo tramo del corte. Seguramente se trataba de un “antojo”, porque resultó que estaba embarazada.

Y como no hubo forma de convencerla de lo contrario, conmigo vino. ¡Teníais que haberla visto, bajando por las empinadas cuestas rocosas, con las manos apoyadas en mis hombros! ¡Y eran más de 500 m de descenso! La subida hasta Peña Lorente la hizo ella sola, a veces con mi ayuda, pero dado que yo iba tomando notas estratigráficas, fue lenta. Duró unas 4 horas. ¡Y esta mujer, hoy tocada por el Dedo de Dios –el terrible alzhéimer–, lo soportó con alegría y con una fuerza admirables! ¡Así salió Pedro!

Pero… ¿sabéis cómo terminó la historia? Un cabrero, que llevaba su ganado por las alturas del agreste paisaje, por la Peña de las Víboras, nos estuvo contemplando durante todo el día. Y al volver hacia La Bastida compartimos su camino.

Nada más encontrarnos me dijo: “¡Vd. no quiere bien a esta mujer!

No se podía imaginar hasta ese momento a ninguna fémina bajando y subiendo por aquellos profundísimos e inhóspitos peñascales, más propios de cabras que de personas.

¡Ya lo creo que la quería! ¡Y la sigo queriendo!

 

 

8 Comentarios

  1. Querido Emilano,

    Hoy voy a empezar por el final, dándote un abrazo muy fuerte, porque tu escrito de hoy es impresionante. Épica en estado puro. No me extraña que no lo hayas puesto por la mañana según costumbre porque se ve que está muy elaborado y has debido trabajarlo a lo largo del mediodía.
    Lección magistral y experiencia memorable. Además, breve, bien breve, demasiado que hasta dan ganas de decirte que alargues todo un poco más. Que no te preocupes, tus lectores no nos aburrimos. Al contrario.
    Se ve que tu esfuerzo ha sido grande para acortar y que seguramente tendrías muchos más detalles y muchas más cosas que contarnos además de la lección que dices habernos ahorrado.
    Y yo te voy a hacer una pregunta en cuya respuesta no podrás ser ahorrativo, espero. Dices que estaba Pilar embarazada de Pedro que si no me equivoco es montañero, cuando aquella aventura. ¿Crees tú que tendrá que ver aquella aventura con la afición posterior de Pedro? ¿Habría un dedo ya señalando lo uno dentro de lo otro? Ya me dirás, pero por favor no me ahorres palabras en la respuesta.
    Repito lo que te he dicho en alguna otra ocasión: Tienes material para una epopeya y nos lo vas desgranando aquí de manera que hay que agradecértelo mucho. Ahora bien ¿Para cuándo la Crónica completa?

    Iremos viendo…

    • No. La razón de que haya salido por la tarde y no por la mañana (mi carta) es por un fallo técnico. Efectivamente, el artículo, en principio, era bastante más largo. Me había extendido en la explicación de lo que es el Sinclinal de Tamames, pero después de escribirlo pensé que la mayoría de los lectores no lo iban a entender, de modo que lo suprimí. ¡Y había detalles muy divertidos que pasé con Julio Saavedra y con los chóferes del IOATO en las otras tres expediciones!. Luego hubo una ampliación de los hallazgos, uno de ellos de mi querido amigo Luis Ángel Alonso Matilla; comidas muy divertidas y sabrosas en Tamames (el famoso cocido sobre todo). En fin, una dedicación que me di cuenta a tiempo que debían hacer otros. Y lo dejé. Durante algún tiempo dediqué mi atención a la datación con graptolitos en otros lugares. Pero eso dependía ahora de lo que me trajesen sin pensar en hacer más estratigrafía de campo, tanto en Villarmayor, como en la zamorana Sierra de La Culebra. También estudié ejemplares de Galicia. E incluso encontré algunos yacimientos en los asturianos Oscos. Luego me dediqué a otras cosas.
      Un abrazo, querido casitocayo

  2. Con una dosis razonable de ciencia y un montón de humanidad y bondad.
    Un fuerte abrazo para vosotros dos y para Pedro al que conocí en Villamayorí

    • Muchas gracias Marcelino. Efectivamente. En esta ocasión he tenido que dominar mis ganas de escribir sobre asuntos muy complejos, geológicos, se entiende.
      Un abrazo

    • Gracias a ti de nuevo, querido amigo David. A veces me cuesta encontrar un tema, pero cuando me sale, lo hace como una fuente.
      Un abrazo,

  3. Emiliano,tus lecciones como siempre sabias,estupendo profe.
    La segunda parte,contando aquel ayer con esa mujer fuerte,tu fiel compañera, me parece lleva implícito todo un amor compartido ayer y hoy.Ella fuerte Tú ese amor de su vida siempre a su lado…Un abrazo a los dos.

    • Muchas gracias Azucena. Tu sabes muy bien que el alzheimer trae consigo una multiplicación exponencial del amor del paciente a su enfermo. ¡De eso no me cabe la menor duda! Y los recuerdos de la vida en común lo acrecientan más y más. ¡EL AMOR ES ALGO MARAVILLOSO!
      Un abrazo

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