Inicio Aventuras de una fumadora y su médico El tabaco y la muerte van de la mano

El tabaco y la muerte van de la mano

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (35º Post)

 

Resueltas mis dudas cambiamos radicalmente de tema de conversación y comentamos la Ley Antitabaco. Así hablamos de esos años en los que se podía fumar y de una injusticia que vivían en primera persona los trabajadores de hostelería.

– Miguel, los hosteleros manifestaron que la Ley les produjo pérdidas económicas. ¿Cuánto crees que hay de verdad en estas afirmaciones?
– Ninguna, es mentira. Es más, te diré que existen estudios donde se pone de manifiesto que al no fumar en los bares, disminuyeron sus gastos de mantenimiento como limpieza o pintura; sus primas del seguro son inferiores al bajar el riesgo de incendios, y lo más importante, mejoró la salud, la de sus trabajadores y la de sus clientes. De hecho no lo ocurrió en ninguno de los países donde lleva ésta Ley implantada muchos más años que aquí como: Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Uruguay, Inglaterra, Escocia, Irlanda, Francia, Italia,… en ninguno de esos países ha disminuido el valor de las empresas, al revés se ha incrementado y tampoco han perdido puestos de trabajo, también se han incrementado.

– Otra cosa Miguel, ¿qué hay de los trabajadores de hostelería? ¿Eran ciudadanos de segunda?
– Hasta la aprobación de la Ley eran ciudadanos de segunda o de tercera. Nadie se preocupó de ellos. Inhalaban humo durante toda su vida laboral y eso provocaba que muchos desarrollasen enfermedades producidas por el tabaco. Permíteme que, aunque solo sea como un homenaje personal, te cite a José María, un trabajador de la hostelería que nunca había fumado, al que en julio de 2009 le diagnosticaron un cáncer de pulmón, y que durante la campaña de tramitación de reforma de la Ley se significó por defender que los trabajadores de restaurantes y cafeterías, los camareros, pudieran trabajar sin estar expuestos al humo del tabaco, sin tener que morir por una enfermedad que ellos no han buscado pero que les ha sido impuesta. El murió a los 57 años el 5 de diciembre de 2010 en Zaragoza.

-¿Cuántas personas, no fumadoras enferman de patologías provocadas por el humo, en nuestro país al año?
– Enfermar, enfermar, no sabemos el número exacto, pero morir se estima que entre 2000 y 3000 personas cada año.

– Otra cuestión, sé que es peregrina, pero si solo se puede comprar tabaco en establecimientos autorizados o en locales con dispositivo para menores. ¿Por qué cada vez es menor la edad en la que comienzan a consumir tabaco?
– Porque no es cierto que se cumplan esas restricciones. Pregunta a cualquier chiquillo y te dirá cien fórmulas de adquirir cigarrillos sin ningún problema.

– ¿Qué educación sanitaria están recibiendo en las escuelas los niños para no saber que el tabaco es tan perjudicial?
– No podemos culpabilizar a los maestros y educadores. Bastante tienen entre manos para responsabilizarles de todo: educación para la igualdad, educación vial, educación para la salud,… Hemos hecho de la escuela la depuradora donde pretendemos eliminar todo aquello de lo que la sociedad en general, y la familia en particular, ha hecho dejación de funciones. Yo creo que en las escuelas se les informa y educa, de hecho muchos niños se han convertido en el azote de sus padres fumadores, pero son necesarias otras medidas ajenas a la escuela. Además es normal que los adolescentes transgredan estas recomendaciones. Infringir normas es propio de la adolescencia y ésta no iba a ser una excepción.

Después de esta densa conversación, llena cuestiones, deje el hospital. Mis pensamientos eran contradictorios, por un lado estaba orgullosa de mi misma.

Estaba consiguiendo dejar de fumar, había adelgazado y cada día mi cuerpo tenía más fuerza para luchar contra Endriago, pero, siempre hay un pero, me encantaría saber el dinero que obtienen los gobiernos del tabaco. Deben de ser enormes los impuestos que recaudan teniendo en cuanta que solo un treinta por ciento de la población fuma y que un tanto por ciento de los habitantes de un país sufren enfermedades derivadas del tabaco, que merman, sin lugar a dudas, las arcas de la sanidad pública.

Pero bueno, pesquisas que no puedo resolver a parte, estaba muy orgullosa de mi misma y me daban ganas de contárselo a todo el mundo. A punto estuve de parar a una señora mayor y decirle que llevaba un mes sin fumar. Me refrene. En ese momento no tenía ni idea de lo que me esperaba a la vuelta de la esquina. Razón tenía Miguel cuando tratando de frenar mi euforia me había dicho que convenía ser realista y que posiblemente vendrían días peores.

Continuará…

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1 Comentario

  1. Querida periodista: lo que dices hoy da que pensar bastante. ¡Se ha cuidado tan poco la salud en cosas tan sencillas de resolver! Por ejemplo: sé de muchos docentes mayores que han tenido enfermedades de garganta por haber estado tragando durante buena parte de su vida el polvo de las tizas. Yo mismo, cuando estaba tan mal de los ojos, notaba la diferencia entre dar la clase a las 9 de la mañana o a las 12. Luché por quitar aquellas tizas paralelepipédicas y conseguí que las sustituyesen por las cilíndricas. Pero lo del humo del tabaco… eso es mucho más grave. ¡Mucho más!

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