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Razones por las que dejamos de fumar

Lo de primeros de año es un mito... Te damos las verdaderas

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (34º Post)

 

Uno sólo es libre cuando se ha liberado de cualquier esclavitud y cuando aún eres esclavo, ni siquiera concibes otra manera de vivir, no sabes que puedes ser libre.

Anoté en el cuaderno: Preguntar por los motivos que esgrimen los fumadores para dejar de fumar. Quería que Miguel me comentase cuales eran las razones que más frecuentemente aducían la mayoría de los fumadores que pasaban por la Unidad de Tabaquismo. Quizás quería saber si mis razones eran también las de la mayoría, o quizás pretendía sentirme diferente y pensar que mis razones eran diferentes. No sabía a que se debía ese interés que me había entrado de repente por las razones de los demás.

¡Llevo un mes sin fumar!

Se acercaba el día de mi tercera visita a Miguel. Me fijé que en el cuaderno verde a la hora de valorar el “mono” asomaban, sólo de vez en cuando, algún que otro cero.

Pocos todavía, no nos vamos a engañar, porque como dijo Miguel, solo me miento a mi misma si no anoto realmente lo que siento.

Bien es cierto que había una gran cantidad de unos y doses, aunque todavía se colaban cuatros y treses, pero bueno, la cosa mejoraba con respecto a los primeros días, donde los reyes eran los cuatro. Aquello me hizo reflexionar acerca de la rutina de apuntar cada día como me sentía.

 

Dormía mejor por las noches, la ansiedad era más controlable, la irritabilidad, descendía, era más sencillo permanecer junto a mí durante una tarde, sin dar la sensación de nerviosismo, materializada en hacer figuritas con las servilletas o garabatear cualquier papel con el bolígrafo. Me sentía muy bien. Estaba controlando la situación y aparentemente me resultaba fácil. Salvo la bomba nuclear que tuve a las tres semanas, las demás estaban resultando de fogueo.

Claro que eso no significaba que podía bajar la guardia. Lo sabía, era consciente de ello, porque Endriago podía despertar en cualquier momento y no me apetecía que me pillara sin el traje de asalto puesto. Aunque a mi favor tengo que señalar que lo llevaba asombrosamente bien.

Con esta energía, con muchas ganas de gritar que lo peor había pasado me fui derechita al hospital. ¡Era una triunfadora! Llegué a la consulta ilusionada, animada y con mucha energía. Me sentía la reina del mundo. Llevaba un mes sin fumar y los últimos días había sentido que tenía más tiempo para dedicármelo a mí. El que me había permitido Endriago, a quien yo comenzaba a considerar en retirada.

Respiraba tranquila. Mis pulmones permitían mejor la entrada de aire y mi voz, muy poco a poco eso sí, parecía recobrar su fuerza. La cazallera que había sido hasta ahora estaba recuperando su tono, grave, no lo voy a negar, pero al menos no parecía que estuviera ronca todo el tiempo. Ahora solo se producía la afonía cuando hablaba demasiado y se me cansaba la voz.

Amparo, tan sonriente y dispuesta como siempre, me recibió y me tomó la tensión.

Comprobó de nuevo mis pulmones y me hizo descalzar. Me pesó y había adelgazado kilo y medio.

Entré en la consulta de Miguel eufórica.

-¡Miguel, Miguel, he adelgazado!

Me sonrió. -Enhorabuena. Esa si es una buena noticia. Ya sabes que engordar es un precio que no necesariamente hay que pagar por dejar de fumar. Me alegro mucho ¿Cómo lo estás llevando?

– Bien, muy bien- asegure orgullosa.

– ¿Has tenido algún momento de especial dificultad?

Inmediatamente le conté que había superado la explosión de una bomba nuclear en mi cabeza. Que había aguantado como una jabata y eso me había reafirmado.

– Excelente, ya sabes que esto es un proceso largo y que existen fases diferentes, que hay altibajos en cada una de ellas, pero que lo importante es perseverar. Lo estás haciendo muy bien. Puedes sentirte orgullosa de ti misma.

Estaba claro que yo iba a perseverar. Tenía muy presente que lo tenía que conseguir. Durante el resto de la consulta continuamos con las rutinas que Amparo y Miguel tienen establecidas. Este siempre decía que se trataba de seguir un plan preestablecido, con pautas muy sencillas, fáciles de cumplir: sota, caballo y rey –solía decir. Son las rutinas futuras, de los días por venir, las que reafirman los éxitos conseguidos en los días anteriores.

Revisábamos el éxito del proceso, me felicitaban, revisaban el cumplimiento terapéutico, así llamaban ellos a ver como había hecho los deberes, me felicitaban otra vez si los había hecho bien, contestaban a mis dudas y me marcaban nuevos deberes.

Miguel me preguntó si tenía alguna cuestión anotada en el cuaderno.

– Sí – contesté.

– Pues vamos a ver si solucionamos tus dudas.

– Miguel, ¿Qué tanto por ciento de personas que intentamos dejar de fumar, lo consiguen?

– Existen distintos porcentajes.

– ¿A qué te refieres?

– A que depende mucho del nivel de dependencia que tienen y también del procedimiento que utilizan para intentar dejarlo. Por ejemplo: Solo del 2 al 5% de los que se plantean dejar el tabaco por si mismos permanece sin fumar al año del intento.

– ¿En serio?

– Sí. El porcentaje aumenta a un 10 por ciento, cuando el paciente deja el tabaco con consejos del médico de cabecera, es decir, está hablando con él unos tres minutos de lo nocivo del tabaco y como dejarlo.

– Y de los que recibimos seguimiento médico.

– Entre el 10 y el 20% de los que recibís consejo médico intensivo, acompañado de información escrita, y seguimiento en la consulta del médico os mantenéis sin fumar al año. A mayor intensidad de la intervención mejores resultados.

– Y para que el porcentaje sea aún mayor, ¿qué se debería hacer?

– Hablamos de lo que nosotros llamamos un tratamiento multicomponente, es decir que incluye el tratamiento cognitivo-conductual, psicológico para entendernos, más el tratamiento farmacológico. En este tipo de casos, el resultado es que un 50 por ciento de los pacientes que acuden se mantiene sin fumar al año. Cuantos más factores intervengan, mejores resultados obtenemos. Pero también tengo que decir, que cuando se publican resultados superiores al 50%, no son creíbles y no se aceptan en la comunidad científica como válidos.

Nos quedamos mirándonos y Miguel preguntó: ¿Más cuestiones?

– Sí. Tengo otra. ¿Cuáles son los motivos más frecuentes para que un fumador quiera dejarlo?

– No hay una causa concreta, si no franjas de edades. Una persona con 20 años tiene distintos motivos para dejarlo que una de 30, 40 ó 60 años.

– Bien, ¿pues cuáles son?

– Hasta los 25 años predominan dos motivos: recuperar la libertad y el móvil económico. En los grupos de mediana edad son también la libertad y el móvil económico, además de que en muchas ocasiones es la familia (especialmente los hijos) el motivo desencadenante del intento. En madres jóvenes, que no han conseguido dejarlo durante el embarazo sí que se lo plantean cuando los niños tienen desde pocos meses hasta 5-6 años. En este grupo de edad comienza a pesar la salud. En personas de edad superior a los 50-55 años el motivo más importante, y en muchas ocasiones único es la salud.

– O sea que el coste del paquete de tabaco influye…

– Durante los últimos dos o tres años el móvil económico comienza a ser fundamental, y es un argumento que utilizan todas las personas, independientemente de género o edad. Además con la crisis económica y la subida del precio de los cigarrillos cada vez influye más.

– ¿Hay épocas más susceptibles para que dejemos de fumar, como por ejemplo primeros de año?

– No, eso es una leyenda, un mito urbano. No existe ninguna época en la que la gente deje de fumar más. El mito del primero de año funciona solo a efectos de propósitos, pero después no se inicia de verdad.

– Has hablado de franjas de edades…

– Sí. Por ejemplo: Las personas que se plantean, en mayor medida dejar de fumar, son personas con una edad situada entre 35 y 55 años. Hasta ahora predominaban más los de 45-55 años, ahora comienzan a planteárselo gente a partir de los 35 años. Las personas con patologías producidas por el tabaco se plantean en mayor medida dejar de fumar y suelen integrar el grupo de personas con edad superior a los 55 años.

– Y ya para terminar y sobre todo por curiosidad y por saber qué posibilidades de éxito tendré yo al concluir la terapia. ¿Cuántos de los que lo hemos intentado en varias ocasiones recaemos de nuevo?

– Te lo dije en la primera sesión que tuvimos y lo mantengo. Una recaída nunca es un fracaso. Cuando se recae, hay que mirarlo desde el lado de la botella medio llena, es decir, durante el tiempo que has estado sin fumar ha sido un éxito.

– Bien, de acuerdo, pero no me has contestado a la pregunta. ¿Cuántas recaídas?

– Vale, hablemos de tantos por ciento si insistes. Un porcentaje elevado de fumadores (35-45%) presentan intentos previos fallidos que suelen oscilar entre 1 a 3 intentos. Ello no debe ser un problema para volver a intentarlo siempre que se aprenda de la experiencia previa y se pida ayuda para el siguiente intento, como has hecho tú. Por el hecho de haber fracasado anteriormente no se tiene más dificultad en los siguientes intentos, siempre que se hagan bajo asesoramiento de un profesional.

Continuará…

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1 Comentario

  1. ¡Bien por mi periodista preferida! ¡Al fin salió el capítulo 34, tan interesante y bien escrito como siempre! Los datos que aportan son sumamente interesantes.

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