Inicio Aventuras de una fumadora y su médico El tabaco y el control de ansiedad

El tabaco y el control de ansiedad

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (33º Post)

Uno sólo es libre cuando se ha liberado de cualquier esclavitud y cuando aún eres esclavo, ni siquiera concibes otra manera de vivir, no sabes que puedes ser libre.

Anoté en el cuaderno: Preguntar por los motivos que esgrimen los fumadores para dejar de fumar. Quería que Miguel me comentase cuales eran las razones que más frecuentemente aducían la mayoría de los fumadores que pasaban por la Unidad de Tabaquismo. Quizás quería saber si mis razones eran también las de la mayoría, o quizás pretendía sentirme diferente y pensar que mis razones eran diferentes. No sabía a que se debía ese interés que me había entrado de repente por las razones de los demás.

¡Llevo un mes sin fumar!

Se acercaba el día de mi tercera visita a Miguel. Me fijé que en el cuaderno verde a la hora de valorar el “mono” asomaban, sólo de vez en cuando, algún que otro cero.

Pocos todavía, no nos vamos a engañar, porque como dijo Miguel, solo me miento a mi misma si no anoto realmente lo que siento.

Bien es cierto que había una gran cantidad de unos y doses, aunque todavía se colaban cuatros y treses, pero bueno, la cosa mejoraba con respecto a los primeros días, donde los reyes eran los cuatro. Aquello me hizo reflexionar acerca de la rutina de apuntar cada día como me sentía. La posibilidad de medir como me sentía no me había parecido interesante en las primeras semanas pero ahora, según transcurría el tiempo y seguía sin fumar me parecía más interesante.

Dormía mejor por las noches, la ansiedad era más controlable, la irritabilidad, descendía, era más sencillo permanecer junto a mí durante una tarde, sin dar la sensación de nerviosismo, materializada en hacer figuritas con las servilletas o garabatear cualquier papel con el bolígrafo. Me sentía muy bien. Estaba controlando la situación y aparentemente me resultaba fácil. Salvo la bomba nuclear que tuve a las tres semanas, las demás estaban resultando de fogueo.

Claro que eso no significaba que podía bajar la guardia. Lo sabía, era consciente de ello, porque Endriago podía despertar en cualquier momento y no me apetecía que me pillara sin el traje de asalto puesto. Aunque a mi favor tengo que señalar que lo llevaba asombrosamente bien.

Con esta energía, con muchas ganas de gritar que lo peor había pasado me fui derechita al hospital. ¡Era una triunfadora! Llegué a la consulta ilusionada, animada y con mucha energía. Me sentía la reina del mundo. Llevaba un mes sin fumar y los últimos días había sentido que tenía más tiempo para dedicármelo a mí. El que me había permitido Endriago, a quien yo comenzaba a considerar en retirada.

Respiraba tranquila. Mis pulmones permitían mejor la entrada de aire y mi voz, muy poco a poco eso sí, parecía recobrar su fuerza. La cazallera que había sido hasta ahora estaba recuperando su tono, grave, no lo voy a negar, pero al menos no parecía que estuviera ronca todo el tiempo. Ahora solo se producía la afonía cuando hablaba demasiado y se me cansaba la voz.

Continuará…

Este blog está protegido por los derechos de autor. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este texto. (SA-79-12)

2 Comentarios

  1. Me ha gustado lo de “cazallera”. Define muy bien un tipo de voz… que tú no tienes, ahora.
    Un abrazo, querida periodista

  2. más honestidad no iría mal en estos asuntos, y no disfrazar las cosas de lo que no son. Apariencias, apariencias… intereses

Deja tu comentario